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2020: Toca renovar nuestro compromiso con la biodiversidad

Con todas las miradas puestas sobre la lucha contra el calentamiento global, sobre todo desde que se celebrara en Madrid la COP25 —la vigésimo quinta conferencia de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático— la comunidad internacional se centra actualmente en lograr acuerdos que garanticen la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para evitar los efectos más catastróficos de la crisis climática.

Sin embargo, los gobiernos y el sector privado aún tienen otros grandes retos por delante. Desafíos que, en parte, también tienen que ver con el clima. Por ejemplo, está pendiente superar el problema de la malnutrición a nivel global y la crisis alimentaria, que hace que cada vez haya más gente que pasa hambre en el mundo y que, al mismo tiempo, cada vez más personas sufran problemas de obesidad y de sobrepeso.

Otro gran problema al que se enfrenta el planeta es la pérdida de biodiversidad. Los expertos llevan años alertando de que estamos asistiendo a una sexta extinción masiva, la primera causada por el hombre. Como la mayoría de asuntos ambientales, la degradación de los ecosistemas está relacionado en buena medida con la crisis climática. Pero también tiene muchos otros orígenes, como la deforestación o la contaminación. Al final, todo se resume en el impulso de proyectos extractivistas que no tienen en cuenta los límites planetarios y que sobreexplotan los recursos con que contamos sin reparar en el hecho de que nuestra propia especie depende de las tantas otras que habitan la Tierra.

El plan estratégico de protección de la biodiversidad del 2011 no ha funcionado

Para alcanzar esta convivencia deseable, la comunidad internacional firmó en 2011 un plan estratégico de protección de la biodiversidad. Sin embargo, este no ha conseguido frenar la catástrofe ecológica de la que estamos siendo testigos.

La ONU cifra en un millón la cantidad de especies amenazadas en estos momentos. Esto es, aquellas que han visto mermar sus poblaciones en los últimos años de manera drástica. En algunos casos al borde de la extinción. La destrucción del hábitat por proyectos industriales es una de las causas, pero también influyen los cambios en el sistema climático. La acidificación de los océanos a causa de la absorción de calor repercute negativamente sobre las especies marinas, por ejemplo. Los arrecifes de coral están condenados a morir en los próximos años si el ritmo de calentamiento continúa. En ese escenario continuista, los científicos advirtieron recientemente de que el pingüino emperador también podrá extinguirse a finales de este siglo.

Como el actual plan de biodiversidad vencerá en 2020, los actores internacionales deberán acordar cuanto antes una nueva estrategia de cara a la “visión 2050”.

El marco global de biodiversidad “post-2020 será la última oportunidad para la naturaleza

Así, en octubre del año que viene se creará el marco global de biodiversidad “post-2020”. “Con los impactos de este fracaso en la protección de la naturaleza, que ahora amenazan no sólo nuestro bienestar sino también nuestra propia supervivencia, el 2020 representa una oportunidad de ahora o nunca para establecer un nuevo marco de transformación para salvaguardar, conservar y restaurar mejor la biodiversidad para las personas y el planeta”, recalca la organización BirdLife International en su página web.

Según esta ONG, se trata de transformar nuestra forma de valorar la naturaleza, de entender que no es otra cosa que un activo, que incluso es el más importante, pues es crucial para nuestro bienestar.

El objetivo es que para el año 2050 la biodiversidad sea “valorada, conservada, restaurada y utilizada sabiamente, manteniendo los servicios de los ecosistemas, sosteniendo un planeta saludable y brindando beneficios esenciales para todas las personas”.

Para ello, la estrategia de BirdLife pasa por co-elaborar el histórico informe de evaluación mundial de la Plataforma intergubernamental científico-normativa sobre diversidad biológica y servicios de los ecosistemas (IPBES), que se está utilizando para orientar la elaboración del nuevo marco. La asociación también participa en las consultas regionales y temáticas, así como en las reuniones del Grupo de Trabajo de composición abierta del CDB sobre el marco posterior a 2020, y en los diálogos con los gobiernos nacionales a través de su red de 115 socios nacionales.

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