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¿Ecoembes protege la biodiversidad?

Cada vez más especies están en peligro de extinción y los seres humanos somos principales culpables de esta catástrofe que avanza a un ritmo vertiginoso, según alertó el último informe del IPBES, el organismo de la ONU encargado de examinar el estado de la biodiversidad del planeta.

En la Cumbre de la Tierra (en Río de Janeiro) de 1992 las partes asistentes llegaron a un acuerdo para abordar el problema de la desaparición de especies y la protección de la biodiversidad. Se trata  del Convenio sobre la Diversidad Biológica que, ratificado por un total de 196 países, entraría en vigor a finales del año siguiente. Este programa internacional se planteaba así el objetivo de conservar “la diversidad biológica, la utilización sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos”

Pese a la firma del acuerdo, la situación no ha ido a mejor, sino todo lo contrario. Según el último informe del IPBES, hasta un millón de especies —de las ocho que existen actualmente— pueden desaparecer de la faz de la tierra en cuestión de décadas si continúa la tendencia de producción y consumo actual, sobre todo en las economías más desarrolladas.

Problemas como el cambio climático (aunque también otros como la deforestación, el tráfico de especies, el furtivismo, etcétera) afectan a todas las formas de vida, desde los anfibios —el 40% de éstos están amenazados—, hasta los arrecifes de coral, pasando por diferentes especies de tiburones y mamíferos marinos, o los insectos, —con un 10% de su población en riesgo—, entre otras muchas.

¿Qué nos ha llevado a este punto de no retorno?

Las causas no son abstractas. El calentamiento global no es algo que nos exima de responsabilidad en absoluto. Un ejemplo de ello es el modelo de consumo de alimentos en los países ricos, donde existe un acceso a todo tipo de alimentos, procedan de donde procedan, en cualquier época del año. Esta homogeneización del consumo, pese a que a priori pueda tener aspectos positivos (mayor diversidad en las dietas, acercamiento de culturas), arrastra consecuencias muy negativas para las poblaciones de especies vegetales y animales, cuyo descenso acusado las está llevando a la desaparición.

Así, frenar la crisis ecológica actual pasa necesariamente por un esfuerzo por parte de la población humana, que deberá cambiar sus hábitos de consumo, coinciden los expertos. Por ello, el día 22 de mayo se celebra el Día de la Biodiversidad, cuyo principal objetivo es fomentar y sensibilizar a la sociedad en su conjunto acerca de “la estrecha dependencia que los sistemas de producción de alimentos, la nutrición, y la salud tienen con la biodiversidad y los ecosistemas saludables”, señala Naciones Unidas.

Según esta institución supranacional, en el último siglo hasta el 90% de los tipos de cultivo ha desaparecido de los campos de agricultores. En ese periodo también se han extinguido numerosas razas de animales domésticos y los humanos hemos perdido, entre otras cosas, la oportunidad de explotar 17 de las principales zonas de pesca del mundo. Si seguimos así, en tan solo unos años, un millón de especies animales y vegetales habrán desaparecido para siempre.

La importancia del reciclaje de envases

Las malas prácticas humanas afectan a todo lo que nos rodea. Por ejemplo, el aumento de residuos y escombros en la naturaleza ha derivado en la destrucción del hábitat de miles de especies. Los informes confirman que entre unas 800 y 1.400 especies se ven afectadas por el vertido de residuos humanos, y estas cifras sólo se refieren a las especies de océanos y otros ecosistemas acuáticos. Por eso, reciclar es clave. Por ejemplo, en 2018, hemos reciclado el 78,8% de los envases domésticos, los residuos que son responsabilidad de Ecoembes, una forma de proteger la biodiversidad de impactos negativos.

Ya pocos dudan de que las políticas actuales deben cambiar en favor de unas más sostenibles. En España ni siquiera se ha registrado una palabra para lo que los anglosajones llaman “littering”, concepto que alude al vertido de residuos por parte de los humanos en la naturaleza.

El proyecto LIBERA, liderado por las organizaciones SEO/BirdLife y Ecoembes, propuso por ello el término “Basuraleza” como traducción de littering, anglicismo que se ha venido usando en este país a falta de una palabra en castellano.

La idea es que, con este nuevo concepto, la sociedad española tome más conciencia sobre las implicaciones que tiene la “basuraleza” en el entorno natural y sobre la medida en que puede llegar a perjudicar no sólo a las especies animales y vegetales sino incluso a nosotros mismos, comprometiendo entre otras cosas nuestra seguridad alimentaria.

Uno de los residuos más perjudiciales para las especies son las colillas, pues cerca de 4,5 billones de colillas acaban contaminando zonas naturales, o el plástico, material cuyo uso la sociedad ya está tratando de evitar, dadas sus consecuencias ambientales. Alrededor del 90% de las aves marinas ingieren, en algún momento de su vida, plástico.

La “basuraleza” es, no obstante, un punto más en la larga lista de agentes que contribuyen a la catástrofe ambiental que está degradando nuestro medio ambiente. Pero tiene una importante incidencia en el problema: en torno al 17% de las especies que se ven más afectadas por la “basuraleza” están incluidas en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Por tanto, tanto el problema como la solución está en la humanidad, y cada acción que tomemos, por pequeña que parezca, acarreará un impacto. Si éste es positivo o negativo lo decidimos nosotros.

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