Agroecosistemas: Definición, ejemplos, perspectivas

La agroecología es una ciencia aplicada y una práctica que utiliza conceptos y principios ecológicos para lograr interacciones más armoniosas y sinérgicas entre las personas y el medio ambiente en paisajes conocidos como agroecosistemas. La agroecología es también un movimiento social que evolucionó a medida que la gente buscaba enfoques más justos y sostenibles de la agricultura, la nutrición y la seguridad alimentaria frente al cambio y la degradación del medio ambiente. 

La agroecología como práctica

La agroecología existía en la práctica y en la filosofía mucho antes de que surgiera el término a finales de la década de 1920. Las sociedades indígenas que practicaban la agricultura hace milenios eran muy conscientes de que sus prácticas de cultivo de alimentos formaban parte de los sistemas naturales -y dependían de ellos- y desarrollaron sofisticadas técnicas para gestionar la agricultura de forma sostenible, métodos que perduran hoy en día.  

La agroecología como disciplina de la ciencia occidental surgió en parte como respuesta a la agricultura industrial, que a finales del siglo XIX y principios del XX empezó a sustituir a los pequeños productores. Con la llegada de la Revolución Verde de mediados del siglo XX, la agricultura industrial se extendió de los países occidentales ricos a las naciones en desarrollo. El sistema alimentario industrial implica el uso de variedades de cultivos modificados genéticamente y de alto rendimiento, de fertilizantes y pesticidas químicos, y de maquinaria especializada que cuida de vastos campos de cultivos individuales. Estas herramientas permitieron la producción en masa al servicio de un mercado global, pero condujeron a la degradación medioambiental y a la desigualdad.

La aparición del movimiento ecologista moderno en la década de 1960 impulsó las prácticas que utilizaban métodos agrícolas tradicionales y alternativos para fomentar paisajes agrícolas resistentes y diversos, en lugar de los monocultivos típicos de las prácticas industriales. Los esfuerzos se centraron en la conservación de los recursos naturales, la protección de los ecosistemas mediante la mejora de la salud del suelo, el fomento de la biodiversidad y la exploración de cómo la naturaleza podría proporcionar servicios beneficiosos, como la gestión no química de las plagas. 

En los años 70 y 80, la agroecología se volvió más abiertamente política. Un movimiento de base en América Latina comenzó a reclamar cambios estructurales que alejaran el poder de los grandes intereses de la agroindustria y lo acercaran a las comunidades rurales y a los pequeños agricultores, que no se beneficiaban de forma equitativa de las subvenciones agrícolas y eran frecuentemente explotados en el sistema alimentario industrial.

La década de 1990 atrajo la atención mundial sobre los problemas del cambio climático y la biodiversidad con la Cumbre de la Tierra de las Naciones Unidas en Río y una mayor concienciación sobre la agroecología como alternativa a lo que se reconocía cada vez más como un sistema agrícola dominante insostenible. La aparición del movimiento campesino internacional La Vía Campesina en 1993, así como otros grupos centrados en la justicia social y la soberanía alimentaria en la agroecología, buscaban acciones transformadoras que empoderaran a las personas que producen y consumen alimentos, no a las corporaciones.

Desde el inicio del siglo XXI, el estudio de la agroecología ha seguido ampliando su alcance para incorporar las dimensiones ecológica, económica y social de todo el sistema alimentario. Como movimiento, abarca la justicia alimentaria, la soberanía alimentaria, la biodiversidad y la salud humana. Mantiene un fuerte enfoque en cómo la agricultura y los sistemas alimentarios pueden ser más resistentes ante el cambio climático y cómo mitigarlo sin comprometer a las comunidades rurales y a los trabajadores del sistema alimentario. 

La agroecología se plantea cada vez más como una alternativa necesaria a un sistema agrícola dominante asociado a la contaminación del aire, el agua y suelo, a la degradación del suelo, a los pesticidas, a la resistencia a los antibióticos, a las emisiones de gases de efecto invernadero y a un suministro de alimentos cada vez más vulnerable al cambio climático, a los patógenos y a otras amenazas a la seguridad alimentaria.

Agroecología vs. Agricultura Regenerativa

La agricultura regenerativa y la agroecología utilizan técnicas de restauración que buscan promover la salud del suelo y la biodiversidad, reducir el uso de agroquímicos sintéticos, disminuir la huella de carbono de la agricultura y, en general, apoyar el funcionamiento saludable del ecosistema. La agricultura regenerativa está más centrada en las herramientas y técnicas necesarias para lograr estas cosas, mientras que la agroecología no sólo abarca una disciplina científica y una práctica agrícola, sino una filosofía más amplia, que incluye dimensiones sociales, políticas y culturales que se consideran necesarias para lograr la transformación del sistema alimentario.

Tipos y ejemplos de agroecosistemas

En la agroecología, un agroecosistema se refiere a las relaciones e interacciones entre suelos, climas, plantas, animales, otros organismos y seres humanos en un espacio físico. Como tal, un agroecosistema no se refiere únicamente a las actividades agrícolas, sino que incorpora ecosistemas circundantes que forman parte de dichas interacciones, como praderas, zonas forestales y humedales.

La agroecología utiliza una serie de técnicas para apoyar el funcionamiento productivo y sostenible de los agroecosistemas. Entre ellas se encuentran la agricultura orgánica; el fomento de la salud del suelo mediante intervenciones como la rotación de cultivos, la agricultura sin labranza y el compostaje; el cultivo conjunto de múltiples cosechas de forma que se beneficien mutuamente; la protección de la fauna y la flora; y el aprovechamiento de las interacciones sinérgicas entre los cultivos, el suelo, el agua, los árboles y la fauna. Se hace hincapié en apoyar la salud de todo el sistema, incluidas las personas que trabajan la tierra y las comunidades cuyo bienestar y estabilidad económica dependen de la agricultura. 

Aquí tienes algunos ejemplos de agroecosistemas.

Sistemas de policultivo

El policultivo, también conocido como cultivo intercalado, contrasta con el monocultivo empleado en la mayoría de la agricultura industrial, en el que los agricultores cultivan acre tras acre de la misma planta. El policultivo intercala diferentes cultivos que se complementan y producen beneficios mutuos.

Un ejemplo muy conocido es el de las «tres hermanas» cultivadas por muchas culturas indígenas de América: maíz, judías y calabaza. Las judías fertilizan el suelo y los altos tallos de maíz sostienen los tallos de las judías mientras crecen. La calabaza cubre el suelo y ayuda a evitar las plagas. En todo el mundo se pueden encontrar variaciones de estas agrupaciones de cultivos tradicionales. 

Sistemas de permacultura

Similar a la policultura, los sistemas de permacultura crean sinergias entre diferentes elementos del paisaje que imitan los sistemas naturales. Pero el alcance de la permacultura es más amplio. La permacultura aplica técnicas holísticas para favorecer el funcionamiento saludable de los ecosistemas, tanto en las tierras de cultivo como en los ecosistemas y comunidades circundantes afectados por la producción de alimentos. Los sistemas de permacultura pueden integrar desde la hidrología, la edafología, la silvicultura y la ganadería hasta la generación de energía renovable, la gestión de residuos, el diseño de edificios sostenibles, los mercados sostenibles y el desarrollo comunitario.

Los agroecosistemas de arroz, por ejemplo, son un tipo de humedales artificiales con el potencial de mantener una multitud de aves, peces, insectos, reptiles, anfibios, mamíferos y plantas acuáticas. Los sistemas industriales de arroz pueden ser muy contaminantes, pero en los sistemas tradicionales de arroz y en las adaptaciones modernas, las prácticas más sostenibles reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, el óxido nitroso y la contaminación del agua asociada a los fertilizantes y pesticidas químicos. Además, el arroz funciona como un sumidero de nitrógeno y reduce las concentraciones de amoníaco en el agua.

Un tipo especialmente notable de sistema tradicional de arroz incorpora también la acuicultura de peces, lo que tiene efectos mutuamente beneficiosos. Los peces se alimentan de los insectos atraídos por el arroz, y el agua recibe la sombra y la refrigeración de las hojas de las plantas. Los peces también proporcionan abono al arroz. Los estudios que han comparado estos sistemas tradicionales de policultivo de arroz y peces con el monocultivo convencional de arroz de la Revolución Verde han descubierto que las sinergias entre el arroz y los peces reducen drásticamente la necesidad de productos químicos, manteniendo al mismo tiempo un alto rendimiento.

Agroforestería

La agrosilvicultura es un término que engloba una serie de métodos de cultivo de árboles, cosechas y animales en beneficio mutuo, incluida la mitigación del clima. Hay tres categorías principales de agroforestería: sistemas silvopastorales, sistemas agrisilviculturales y sistemas agrosilvopastorales. 

Los sistemas agrisilvícolas emparejan cultivos y árboles. Por ejemplo, muchos cafeteros de Indonesia, América Central y del Sur y Etiopía cultivan café de sombra, que se cultiva bajo una cubierta diversa de árboles frutales, madereros o leguminosos. Los estudios han demostrado una serie de beneficios para la biodiversidad, como el apoyo a la diversidad de aves e insectos, la ayuda al control de la erosión, la reducción o eliminación de la necesidad de fertilizantes y pesticidas químicos, el secuestro de carbono y la mejora de la polinización. Algunas investigaciones indican que los agricultores también obtienen mayores beneficios con el café cultivado a la sombra.

Un sistema silvopastoral es un tipo de agrosilvicultura que combina el ganado con un paisaje mixto de árboles, arbustos y hierbas. Puede incluir plantaciones de madera con zonas de pastoreo, árboles frutales, de frutos secos y leguminosas, y pastos bordeados por hileras de árboles que pueden servir de cortavientos o para otros fines. Los agricultores suelen rotar el pastoreo entre los pastos para que las plantas y los árboles tengan tiempo de recuperarse. 

Un estudio sobre los sistemas silvopastorales en América Latina, donde se han practicado ampliamente, demostró que la producción de leche y carne aumentó, el bienestar de los animales mejoró y la biodiversidad de aves e insectos prosperó en estos sistemas. Otras investigaciones han descubierto que los sistemas silvopastorales favorecen la mitigación del clima.

Por último, la combinación de los tres elementos -cultivos, bosques y pastos- es un sistema agrosilvopastoral, que proporciona beneficios similares. 

El futuro de la agroecología

En 2015, se celebró en Nyéléni (Malí) una reunión de pequeños productores y consumidores de alimentos de todo el mundo para debatir la importancia de la agroecología para la soberanía alimentaria y trazar su futuro camino. Entre los asistentes al histórico foro de Nyéléni se encontraban campesinos, pueblos indígenas, trabajadores rurales, pastores, pescadores y gente de la ciudad que trabajaban para llegar a un entendimiento común de la agroecología y evitar que fuera cooptada por la agroindustria corporativa.

Amigos de la Tierra abordó recientemente esta creciente amenaza de cooptación en un informe de 2020 titulado «Agroecología basura», en el que se critica a las empresas agroalimentarias y a las grandes ONG ecologistas que colaboran con ellas por «ecologizar» algunas de sus prácticas sin comprometerse con la justicia medioambiental. En su lugar, el informe acusa a muchas de ellas de redefinir la agroecología en sus propios términos para reforzar su imagen y sus beneficios sin realizar realmente cambios sustanciales.

Mientras el mundo se enfrenta al reto de alimentar a los 9.200 millones de personas que se prevé que habrá a mediados de siglo, tiene que decidir urgentemente si emprende los enormes cambios estructurales que los defensores de la agroecología dicen que son necesarios para crear un sistema alimentario verdaderamente sostenible.

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