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Cómo contribuye la tecnología al medio ambiente

Si internet fuera un país, sería el sexto más contaminante del planeta, según afirma la organización Greenpeace en su informe Clicking Clean. Cada minuto se envían en el mundo 38 millones de mensajes de WhatsApp, se visualizan 266.000 horas de Netflix, 4,3 millones de vídeos en YouTube y se realizan 3,7 millones de búsquedas en Google. Y, según la Comisión Europea, el simple hecho de mantener un ordenador encendido durante una hora equivale a entre 52 y 234 gramos de CO2.

Pero, aunque es cierto que la tecnología está provocando grandes estragos en el medio ambiente, ésta puede ser también una aliada para afrontar la crisis ecológica. De hecho, la reunión de las partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, celebrada en diciembre de 2015 en París, constató la importancia de luchar contra el calentamiento global apoyándonos en la tecnología y la denominada economía circular, entre otros factores. La constante búsqueda de soluciones innovadoras para limpiar mares y océanos, para producir energía solar y eólica, y para solventar el grave problema de acceso al agua potable serían ejemplos de ello.

“Tenemos que inspirarnos en la naturaleza, en donde no existe el concepto de desperdicio”, señaló Adriana Zacarías, coordinadora regional de Eficiencia de Recursos para América Latina y el Caribe de ONU Medio Ambiente. En eso consiste precisamente la economía circular: en producir bienes y servicios a partir de elementos que a menudo se perciben como desechos, al tiempo que se reduce el consumo y el derroche de materias primas, agua o energía. En la práctica, la economía circular se consigue mediante la reparación, el reciclaje, la reutilización y la refabricación de los productos, lo que indirectamente también genera empleos. Y todo ello es posible gracias a la tecnología que nos permite reciclar y reintroducir en el ciclo productivo ese recurso que antes se consideraba un residuo, así como diseñar los nuevos productos de forma que su tiempo de vida se alargue lo máximo posible.

Estas son algunos otros ejemplos de cómo la tecnología puede ayudar al medio ambiente:

  • Las energías renovables son una realidad gracias al avance tecnológico. Son, a día de hoy, la principal apuesta de los expertos del clima para descarbonizar la economía y hacer frente al cambio climático. Esto se debe a que actualmente la principal fuente emisora de gases de efecto invernadero —que son los que propician el calentamiento del planeta— es la extracción y quema de combustibles fósiles, por lo que la solución pasa por generalizar el uso de alternativas más ecológicas para la generación eléctrica. Estas incluyen, entre otras, la energía solar fotovoltaica y la termosolar, la eólica, la hidráulica, la geotérmica, la biomasa y la mareomotriz. La energía nuclear, que es limpia (no emite CO2) aunque, por otro lado, genera residuos, es también posible gracias a la tecnología.
  • Almacenar la ingente cantidad de información que tratamos en la nube, en vez de en papel, puede contribuir a la reducción de deforestación, al rebajar la demanda de celulosa para fabricación del papel. El cloud computing puede reducir el consumo energético y los niveles de contaminación por CO2 de una compañía en más de un 30 % de media, según un estudio encargado por Microsoft y realizado por Accenture y WSP Environment and Energy.
  • Las tecnologías de la información (TIC) han facilitado la creación de las ciudades inteligentes o Smart cities, basadas en una economía, movilidad, ecosistema, ciudadanía, vida y gobernanza digital. Sus principales logros son, entre otros, la iluminación regulada para reducir el coste energético, el abastecimiento inteligente de agua o la gestión más eficaz de los residuos. Pero las aplicaciones de las TIC en el ámbito urbano, también en lo que respecta a la gestión humana y la configuración de tejido social, son múltiples.
  • La implementación del Internet de las Cosas (IoT) —un escenario en que los objetos están conectados y facilitan los servicios (una nevera que hace la compra al detectar que falta algo, un coche que se mueve sin conductor, etc)—, puede aportar beneficios como la gestión eficiente de recursos, la reducción de la contaminación y la lucha contra el cambio climático (por ejemplo, al haber menos coches en circulación), la protección de especies en peligro de extinción o la optimización de la agricultura.
  • La entrada de coches eléctricos reduce la emisión de gases contaminantes. En España, los detractores de estos vehículos critican la falta de suficientes puntos de carga para garantizar la autonomía del coche. Sin embargo, este país cuenta ahora mismo con aproximadamente 3.856 puntos públicos de recarga de coches eléctricos, lo que sitúa a España en la quinta posición mundial de países con mayor infraestructura para este tipo de vehículos, según los datos recaudados por Unieléctrica a partir de las cifras del INE y electromaps.com.

La tecnología ambiental, tecnología verde o tecnología limpia —aquella que, en resumen, se aplica en los procesos productivos sin causar daños al ambiente, o los menos posibles— es una forma de paliar la grave pérdida de calidad de vida a la que nos enfrentamos a medida que los ecosistemas se degradan y el planeta se calienta. Y todo ello, combinado con el aumento en la sensibilización de la sociedad, debería ayudarnos a revertir el daño que venimos haciendo al medio ambiente desde la industrialización de nuestras economías.

 

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