contaminacion atmosférica

Tribunal de Cuentas Europeo: “Nuestra salud no tiene todavía la suficiente protección frente a la contaminación atmosférica”

La  contaminación atmosférica es uno  de las mayores amenazas para la salud de los ciudadanos de la Unión Europea y uno de los retos que más está costando asumir.  Este problema -al que están todavía más expuestas las personas que viven en los núcleos urbanos- ocasiona más de 400.000 muertes prematuras cada año, según calculó en 2014 la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA). Además, la Comisión Europea estimó que los costes externos totales asociados a los perjuicios sobre la salud a causa de la polución del aire oscilan entre los 330.000 y 940.000 millones de euros anuales.

Los datos, lejos de ser desconocidos para los Estados miembros de la UE, aún no se han traducido en un esfuerzo eficaz y suficiente tanto por parte de la Comisión como por parte de los Estados para atajar el problema, según asevera un informe reciente del Tribunal de Cuentas Europeo.

Tras analizar las políticas de la UE orientadas a reducir la contaminación atmosférica en los Estados miembro, el Tribunal ha constatado que los ciudadanos europeos todavía respiran un aire nocivo a causa de, por una parte, una legislación europea que no es lo suficientemente estricta y, por otra, el incumplimiento de la misma en la mayoría de los países.

En 2016, recuerda el documento, trece Estados miembros -incluida España- sobrepasaron los valores límite fijados para las PM, diecinueve los correspondientes al NO2 y uno los establecidos para el SO2. Los únicos que no lo hicieron fueron Estonia, Irlanda, Chipre, Letonia, Lituania y Malta.

Efectos y causas de la contaminación atmosférica

Estos contaminantes -las partículas (PM), el dióxido de nitrógeno (NO2), y el dióxido de azufre (SO2)- son, junto con el ozono troposférico (O3), los más perjudiciales para la salud humana, y sus efectos incluyen enfermedades respiratorias (en el caso de las PM, el SO2, el NO2 y el O3), pulmonares y cáncer de pulmón (PM), cardiovasculares (PM, SO2  y el O3), hepáticas y hematológicas (NO2) e Ictus (partículas finas).

Sus principales fuentes de emisión son la calefacción doméstica, especialmente en el caso de las partículas finas y PM; el transporte por carretera, que emite en mayor medida NO2; la energía, responsable sobre todo de la emisión de SO2 , la industria, con mayor emisión de PM y partículas finas; y la agricultura, sobre todo, PM).

Esfuerzos para reducir las emisiones

Si bien es cierto que en los últimos años se han reducido las emisiones totales de estos contaminantes atmosféricos, la AEMA y la OMS advierten de que ello no quiere decir que se reduzca similarmente la concentración de los mismos. “Por ejemplo, si la emisión es menor en el motor de los automóviles por las normas más estrictas de emisión de la UE, la contaminación atmosférica puede aún aumentar si aumenta el uso de automóviles. Por lo tanto, hace falta aplicar medidas específicas en zonas pobladas para reducir las concentraciones de contaminantes atmosféricos, puesto que la exposición humana, especialmente a PM y NO2, sigue siendo elevada”, precisa el informe.

Para rebajar eficazmente estas emisiones, el Tribunal de Cuentas Europeo recomienda a la Comisión que refuerce sus políticas, pues considera que “las normas de la Directiva sobre calidad del aire son menos estrictas de lo que sugieren los efectos constatados de la contaminación atmosférica en la salud”.

Así, el estudio publicado detecta que las medidas de la UE no reflejan suficientemente la importancia de la contaminación atmosférica y establece que, aunque “la financiación directa de la UE para la calidad del aire puede ser de utilidad”, los proyectos financiados no siempre han estado bien orientados. Con todo, el Tribunal también destaca buenos proyectos, “especialmente algunos respaldados por el programa LIFE”.

Información y concienciación de la ciudadanía

Por otra parte, el Tribunal recalca el papel de los Estados como actores de cambio y la necesidad de que éstos adopten medidas complementarias,  como la mejora de la coordinación de las políticas y de la información pública.

En este sentido, el Tribunal asegura que, “en comparación con otras directivas medioambientales, la Directiva sobre la calidad del aire ambiente no contiene disposiciones específicas para garantizar el derecho de los ciudadanos a acceder a la justicia”. Además, señala que “en ciertas ocasiones, la información puesta a disposición de los ciudadanos sobre la calidad del aire no es clara”.

Para mejorar la concienciación de la ciudadanía, propone a la CE medidas como “identificar y recoger, con ayuda de los profesionales sanitarios, la información más crucial que se deba poner a disposición de los ciudadanos (como los efectos en la salud y las recomendaciones sobre el comportamiento)” o como “publicar clasificaciones de las zonas de calidad del aire con los mejores y peores progresos realizados cada año y compartir las mejores prácticas aplicadas por los lugares de mayor éxito”.

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