City wise

City Wise. El “sabio” manejo de los residuos urbanos

Aprovechando el Día Mundial del Hábitat, que se celebra cada 1 de octubre y cuya temática este año fue la gestión de residuos sólidos municipales, la ONU ha lanzado una nueva campaña: “Waste wise cities”, o city wise, que busca promover el diseño de mecanismos financieros y otros incentivos para fomentar la transición hacia una economía más circular en las ciudades. Este tipo de economía, recuerda la ONU, es aquella construida sobre los principios del uso eficiente de los recursos, lo que implica la reducción de la generación de residuos mediante la prevención, la reducción, el reciclaje y la reutilización, como establece la meta 5 del ODS 12.

Las ciudades sabias necesitan hacer planes de urbanización a largo plazo

A juicio de la ONU, las ciudades, para ser “ciudades sabias” en el manejo de sus residuos (waste wise), necesitan “cambiar las actitudes públicas para minimizar los residuos y erradicar el vertido a la naturaleza, regular las actividades ilegales de recogida -como los chatarreros-, incrementar el reciclaje y la reutilización, y financiar y planificar una gestión adecuada de los residuos, incluida la de los vertederos”.

Para ello, este organismo internacional recomienda a las administraciones locales que establezcan estrategias de urbanización a largo plazo y que tengan en cuenta los costes totales de la gestión -siendo los de recogida y transporte a las plantas los más altos-, y que identifiquen los retos, oportunidades y áreas de intervención más relevantes para cada caso.

Con una estrategia enfocada a estos objetivos de reducción, aseguran que, de paso, las ciudades podrán abordar otros puntos recogidos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Entre los beneficios que tiene una gestión eficiente y adecuada de los residuos -más allá de los económicos y los ambientales asociados a la conservación de los ecosistemas terrestres y marinos-, destacan que las ciudades que sean “waste wise” estarán más cerca de convertirse en asentamientos inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles (ODS11); lograrán reducir el número de muertes y enfermedades que provocan los componentes químicos que contaminan el aire, el agua y el suelo (ODS 3); fortalecerán las alianzas y colaboración centrada en mejorar la gestión de sus residuos (ODS17); mejorarán la educación, sensibilización y capacidad institucional para actuar sobre el cambio climático en lo que respecta a mitigación, adaptación y reducción de sus impactos (ODS13); habrán redirigido los hábitos de consumo y producción de su sociedad hacia unos más sostenibles (ODS12); y mejorarán la calidad del agua mediante la eliminación de vertido y minimización de los contaminantes químicos (ODS6).

Más allá de la acción gubernamental

Pero el mensaje no lo lanza sólo a las autoridades públicas, sino a toda la ciudadanía. El sector privado, señalan, es esencial para establecer un Sistema Integrado de Gestión de Residuos Sólidos (ISWM) que debería funcionar en el marco legislativo y la estrategia asentada por el Gobierno competente. El ámbito académico también tiene su parte de responsabilidad en esta transición hacia una gestión adecuada de los residuos, siendo los restos de papel el flujo predominante de basura en los centros escolares y oficinas, y comportando una fuente potencial de ingresos, vendiendo los residuos de papel a las compañías recicladoras, por ejemplo. Las Organizaciones No Gubernamentales, por su parte, pueden movilizar a la ciudadanía, recalca la ONU, sensibilizando a la sociedad en el manejo adecuado de su basura -a través de, por ejemplo, la separación en origen- mediante sus campañas y acciones y tienen la facilidad de establecer acuerdos de colaboración con las administraciones locales para impulsar sistemas de gestión de residuos más sostenibles.

Por último, la iniciativa “Waste Wise Cities” es una llamada a la acción a las instituciones financieras para que todos estos cambios sean posibles y se logre revertir o paliar la crisis ecológica actual de sobreproducción de residuos y el derroche de recursos vitales para el planeta y para su creciente población urbana.

¿Por qué actuar ahora?

La ONU recuerda que la población de las ciudades del mundo gana de media dos personas por segundo, lo que añade mensualmente 5 millones de nuevos residentes en los núcleos urbanos. Advierten, además, de que 95% de este crecimiento urbano ocurrirá en las próximas décadas en países en vías de desarrollo, especialmente en África y Asia, donde los habitantes de las ciudades serán el doble en el año 2030 respecto al 2000.

Arrojan además otros datos que subrayan la urgencia de modificar los sistemas de gestión de residuos en todavía muchas ciudades, pues a nivel global hay todavía 2.000 millones de personas que, para empezar, no tienen acceso a una recogida de basura regular. Así, se prevé que para 2025 la generación mundial de residuos habrá aumentado hasta alcanzar las 6 millones de toneladas diarias, respecto a los 3,5 millones de toneladas diarias que se generaron en 2013. Además, las emisiones de gases de efecto invernadero que provienen de los residuos sólidos representan en torno al 3% de las emisiones mundiales, que contribuyen al cambio climático y a sus efectos nocivos sobre los ecosistemas naturales y sobre la seguridad de la humanidad. Y es que las consecuencias de una mala gestión de los residuos pueden llegar a ser letales: sólo en 2017, más de 130 personas -la mayoría mujeres- murieron a causa de los colapsos de vertederos en África (continente que, para colmo, recibe la menor inversión en gestión de residuos, a diferencia de Asia y América Latina) y, en general, el UNDP calcula que, cada año, más de 5 millones de personas fallecen a causa de enfermedades asociadas a la gestión inapropiada de los residuos.

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