reducir las emisiones

Reducir las emisiones es el objetivo para 2020. ¿Llegaremos?

“Nuestra casa está en llamas”. Así definió la activista sueca Greta Thunberg la crisis climática a la que estamos asistiendo, la misma que amenaza con agravarse en los próximos años de manera irreversible si no hacemos lo suficiente para evitarlo y, sobre todo, si no lo hacemos a tiempo.

Objetivos para el 2020

Entre otros de sus efectos, el calentamiento global está alterando los ecosistemas, propiciando la pérdida masiva de especies y afectando a múltiples elementos que inciden en la vida de las personas. Entre sus consecuencias más destacadas —y catastróficas, aunque reales— está el incremento en la frecuencia y virulencia de huracanes; la prórroga de sequías; la impredecibilidad de las lluvias, que cada vez serán más destructivas; la subida del nivel del mar, que ya está modificando el paisaje costeros y provocando inundaciones en ocasiones mortales.

Otras consecuencias de las temperaturas en ascenso incluyen la devaluación de la productividad laboral, algo que se está viendo sobre todo en los países tropicales —más cálidos— y en aquellos cuya actividad económica recae especialmente sobre sectores donde los trabajos están más expuestos a las condiciones climáticas, como la agricultura o la construcción.

La misión de Europa para reducir las emisiones

Europa, aunque tiene sin duda una mayor capacidad de adaptación y debe cumplir los objetivos —resiliencia— que otras regiones del mundo con menos recursos para la lucha contra el cambio climático, y por tanto no sufrirá el cambio climático en su máxima expresión, es una de las mayores responsables de este fenómeno. Afortunadamente, también está siendo parte de la solución. Para ello, en su estrategia 20-20-20, la Unión Europea se comprometió a reducir sus emisiones de dióxido y de gases de efecto invernadero (GEI), culpables del calentamiento global, un 20% para 2020.

En 2017, la UE+Islandia había reducido sus emisiones un 21,7% respecto a 1990, según el último informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA). Sin embargo, en total las emisiones de gases en la UE fueron ese año un 0,7% superiores a las de 2016, si se incluyen las derivadas de la aviación internacional.

Y España fue, junto con Polonia, el país que más incrementó sus emisiones de GEI, debido principalmente al mayor uso de carbón en la generación de energía, y a un mayor consumo de energía en el caso español, y al aumento en las emisiones liberadas por el tráfico rodado, en el polaco.

Por otro lado, el descenso en la emisión de GEI en la UE se atribuye principalmente a la creciente incorporación de fuentes de energías renovables a la matriz energética, a las mejoras en eficiencia energética y a cambios económicos como la recesión a partir de 2008.

De los países europeos, los que más contribuyeron a la emisión de GEI fueron Francia, Alemania y Reino Unido. Juntos, estos tres países representaron un 40% de las emisiones de la UE en 2017.

Sin embargo, Alemania y Reino Unido fueron al mismo tiempo los dos estados que más colaboraron en la reducción de emisiones, gracias, en el primer caso, a la reestructuración de la economía en cinco Länder de Alemania, y a la mayor eficiencia de las plantas de generación eléctrica y de calor para ambos países. Francia, por su parte, consiguió rebajar sus emisiones un 15% respecto a los niveles de 1990.

Italia, Polonia y España son los siguientes mayores emisores de Europa, ocupando, respectivamente, el cuarto, quinto y sexto lugar en cuanto a contribución de emisiones al conjunto de la UE.

España ha aumentado sus emisiones en un 18% desde 1990, gracias sobre todo al mayor tráfico rodado, a la forma en que produce electricidad y al sector residencial. Sus emisiones comportaron en 2017 el 10% del total emitido por la UE-28.

Las fuentes más contaminantes son el transporte y la aviación

El transporte por carretera

Uno de los sectores que más ha aumentado sus emisiones en la UE es el tráfico rodado. Todos los Estados miembros, excepto Finlandia (-1%), Italia (-1%) y Suecia (-10%), aumentaron sus emisiones del transporte por carretera entre 1990 y 2017. El informe recalca el caso de Suecia, donde la disminución de las emisiones se explica por el uso total de biocombustibles líquidos (etanol y FAME), que creció más de un 850% desde 2003.

En las emisiones derivadas del transporte por carretera, los Estados miembros con los mayores aumentos en términos absolutos fueron Polonia, España, Francia y Austria, mientras que los países con el menor aumento en términos relativos fueron Estonia y Lituania.

La aviación

Una importante fuente de emisiones de GEI en Europa —y también en el resto del mundo— es la aviación internacional. A nivel global, representa el 2,5% de las emisiones de CO2. En Europa, este tipo de emisiones causadas por la industria de la aviación llegaron a las 159 millones de toneladas; lo que supone un 130% más respecto a los niveles de hace 30 años.

También la aviación doméstica contribuye a la emisión de CO2. Y, en este último año analizado por la AEMA, España fue, “con mucho”, el país de la UE-28+Islandia que más incrementó sus emisiones respecto al 2016.

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