pobreza energética

Pobreza energética: ¿Qué es y cómo nos afecta?

La pobreza energética es llegar a casa en invierno y no poder poner la calefacción. Tomar una ducha fría por no encender el gas para el calentador del agua. Son situaciones de que muchas familias en España aún siguen sufriendo. El concepto de pobreza energética, fue acuñado por primera vez en el Reino Unido por Brenda Boardman a principios de los años 90 donde. Establece el 10% como porcentaje máximo de dedicación de los ingresos netos del hogar a los gastos de energía para determinar el umbral de los hogares en pobreza energética.

En la actualidad, se determina que alguien es pobre energéticamente cuando no puede satisfacer unos mínimos servicios de energía en el hogar para satisfacer sus necesidades básicas o cuando destina más de una décima parte de sus ingresos domésticos a asumir el gasto energético. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la temperatura que debería haber en nuestra casa es de entre 18 y 21 grados en invierno.

En general, los bajos ingresos económicos son la principal causa de que las familias sufran pobreza energética, ya que les impide pagar las facturas de la luz, el agua y el gas. La calidad de la vivienda también es clave en este aspecto porque de su aislamiento y eficiencia condiciona la cantidad de recursos necesarios para calentarla, que no se escape el calor y que, por lo tanto, el recibo no se dispare. Otros factores como la situación laboral, el estado civil, el lugar de origen o la salud de los habitantes juegan un papel importante en la probabilidad de sufrir pobreza energética.

La pobreza energética en España

Según el 4º Estudio sobre Pobreza Energética en España, hecho por la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA) en 2018, el 15% de los hogares en España tiene problemas para pagar las facturas relacionadas con los servicios energéticos o no pude calentar su hogar a la temperatura recomendada, o ambas. Esto quiere decir que más de 6 millones de personas sufren pobreza energética o están en riesgo de sufrirla en este país. De ellas, 2,8 millones tuvieron dos o más retrasos en el pago de sus recibos el ultimo año.

La situación de la pobreza energética en España por comunidades

Este mismo informe localiza geográficamente las comunidades con peores datos en pobreza energética, y también los mejores. De los primeros destacan Castilla-La Mancha, Andalucía, Murcia y la Comunidad Valenciana. En los mejores colocados se encuentran País Vasco, Castilla y León, Aragón y Madrid. Durante la crisis económica la pobreza energética aumentó considerablemente en los hogares con rentas más bajas en España. Los más vulnerables ante este tipo de pobreza son las familias monoparentales y las personas mayores que viven solas, como puso de manifiesto en 2016 el fallecimiento de Rosa, la anciana de Reus que murió a causa de un incendio propiciado por sus velas. Desde el Estado se llevan a cabo medidas como el Bono Social, que intenta reducir el número de pobres energéticos. Sin embargo, este suscita todavía debate en torno a si es efectivo o si se aplica a quien verdaderamente lo necesita.

La ACA advierte de que vivir en un hogar donde no hay la temperatura adecuada tiene consecuencias sobre la salud física y mental de las personas. Esto, según la asociación, está relacionado con una mayor prevalencia de enfermedades que afectan más a segmentos de la población vulnerables como niños, adolescentes o ancianos. Además, señalan que la de España (21% en 2012) es una de las tasas de mortalidad adicional en invierno más altas registrada en países occidentales, junto con Portugal. “Sólo una parte de las muertes adicionales que se producen en invierno es estrictamente atribuible a la pobreza energética. Aun así, la pobreza energética podría estar detrás de entre 2.300 y 9.300 muertes al año en nuestro país” indica el informe.

La pobreza energética en Europa

En cuanto a la Unión Europea, el JRC Science for Policy Report, publicado en 2019, cifró en más de 50 millones las personas que sufrieron pobreza energética el año anterior. Para ello, la Unión Europea ha puesto en marcha una serie de medidas que tratan de incidir directa o indirectamente en la protección de los consumidores más vulnerables. Para empezar, la Comisión Europea aumentó la exigencia en el objetivo de eficiencia para 2030 a los Estados Miembros del 27% al 30%. Con ello, la Unión trata de poner el foco en la rehabilitación de edificios para garantizar su habitabilidad y prevenir la aparición de más casos en los próximos años, así como exigir las certificaciones de eficiencia energética.  Los proyectos de digitalización van encaminados a potenciar los edificios inteligentes que consuman la energía de manera más eficiente y que reduzcan la factura final a pagar.

Así, la concienciación para el cambio de hábitos sigue siendo una parte fundamental para atajar el problema mientras que varios proyectos con financiación europea impulsan la visita de expertos a los hogares más vulnerables para ofrecerles ayuda y asesoramiento en este sentido.

 

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