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Parques urbanos para favorecer el bienestar de la infancia

Vivir cerca o incluso dentro de un entorno natural resulta crucial para el bienestar de las personas. Como especie, formamos parte de la naturaleza y necesitamos sentirla presente en nuestras vidas, aunque sólo sea de vez en cuando.

Sin embargo, la población mundial tiende a concentrarse cada vez más en espacios urbanizados (de modo que para el año 2050, la ONU prevé que al menos dos tercios de la humanidad vivirá en asentamientos urbanos) y muchos de éstos carecen de suficientes áreas verdes en las que la ciudadanía pueda dedicar tiempo para reconectar con la naturaleza. Así, existen personas que, criadas en la jungla de cemento, hoy afirman “odiar el campo” por sus mosquitos u otros insectos (lo que se ha venido a denominar “biofobia”), mientras que otros tantos, sin llegar a esos extremos, no se sienten capaces de identificar los sonidos de la naturaleza, en las ciudades eclipsados por los cláxones y los motores de los automóviles.

Por motivos como estos, la World Urban Parks organisation, que representa a agencias que proveen y gestionan entornos de juego en la naturaleza, reivindica la importancia de los parques urbanos, sobre todo para garantizar el bienestar de la infancia, al asegurar espacios de juego al aire libre y, por ende, un desarrollo de los niños y niñas más saludable.

“Los niños hoy pasan menos tiempo al aire libre en juego estructurado que en ninguna otra etapa de la historia”, lamentan desde esta asociación. La presión urbanística sobre las áreas naturales está limitando ese acceso a la naturaleza en la que ellos pueden jugar libremente, de modo que ahora “su acceso a estas áreas depende completamente de que los adultos lo hagan posible”.

Argumentan que los niños tienden a ser más inteligentes, más cooperativos, felices y sanos cuando tienen oportunidades diversas y frecuentes para jugar libremente y de forma no estructurada al aire libre; y que, por otra parte, el contacto con la naturaleza en la infancia puede reducir sus niveles de estrés y de agresividad, al tiempo que construye hábitos saludables de actividad física y mental. También señalan que acercar la naturaleza a los niños a través del juego ayuda a que éstos desarrollen un afecto por la misma que en el futuro puede derivar en una mayor implicación en la conservación de los parques y áreas naturales.

Por ello, consideran “esencial” el papel que los parques urbanos pueden jugar para asegurar los espacios de independencia y creatividad tanto para niños como para adultos.

Cinco parques urbanos emblemáticos

Algunos de los parques urbanos del mundo han alcanzado tanta popularidad que se han convertido en emblemas de sus ciudades.

  • Parque Central de Nueva York, el conocido pulmón de Manhattan. Creado en 1853 y diseñado por el paisajista Olmsted, Central Park fue el primer parque público de Estados Unidos y, dentro de sus 341 hectáreas de extensión se pueden encontrar cafeterías, restaurantes, áreas para hacer deporte, un mirador panorámico y hasta una pista de patinaje de invierno, entre otros.

 

  • Al otro lado del charco está Hyde Park, en Londres, también mundialmente reconocible. Con 1,4 kilómetros cuadrados, cuenta con un área para ofrecer discursos, así como con un lago, el Serpentine, que divide el recinto en dos.

 

  • Por su parte, los Jardines de Luxemburgo, en París, apenas tienen 0,22 km2, pero acompañan a nada menos que la sede del Senado nacional. En su interior se ofrecen clases de apicultura -gracias a sus colmenas urbanas- o de horticultura -con sus árboles frutales-, entre muchas otras actividades programadas.

 

  • La capital de Japón también cuenta con un parque urbano de renombre por, entre otros motivos, sus más de mil árboles de cerezos. Ueno Park (que significa “regalo imperial”) fue creado en 1873 y, además de la naturaleza, en él se puede disfrutar también de las artes, a través de sus museos y galerías.

 

  • Por último, pero no por ello menos importante, era inevitable incluir en esta clasificación personal al Parque de El Retiro de Madrid. En El Retiro cualquiera se identifica con los jóvenes locales, madrileños adoptados o turistas, que alquilan barcas en el estanque y juegan amenazando con tirarse de la embarcación al agua. En el parque, los visitantes se relacionan y relajan en la naturaleza, tocan música, corren, andan en bicicleta, visitan exposiciones e incluso los hay quienes se entretienen, estudian o trabajan en la biblioteca Eugenio Trías, que recientemente se inauguró en este parque urbano.
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