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Desertificación. ¿Nos estamos quedando sin tierra?

Vivimos por encima de nuestras posibilidades. O de las posibilidades del planeta, que viene a ser lo mismo. “Hay pruebas que sostienen que la capacidad del planeta ya se ha alcanzado, e incluso superado, respecto a algunos límites planetarios”. Así de contundente se expresa la Comisión Europea en el tercer Atlas Mundial de la Desertificación, que aparece 20 años después de que se publicase el segundo.

Desertificación, definición

El término desertificación se refiere, según lo define Naciones Unidas, a la degradación de la tierra en áreas secas debido a varios factores, incluidos el cambio climático global y/o las actividades humanas. Y la degradación de la tierra se traduce, según este Atlas, en la “pérdida de productividad tanto biológica como económica de la tierra arable”, a consecuencia principalmente de “la erosión del suelo causada por el viento y/o el agua, el deterioro de las propiedades físicas, químicas y biológicas o económicas del mismo, así como la pérdida a largo plazo de la vegetación natural”.

El estado de la tierra está en un momento alarmante

El estudio ofrece una fotografía actualizada del estado de la tierra en el mundo y las cifras son, cuanto menos, alarmantes. Se calcula que más del 75% del área terrestre del planeta ya está degradada, y más del 90 % podría hacerlo para el 2050. Para este año, además, se estima que hasta 700 millones de personas podrían verse obligadas a desplazarse debido a los problemas relacionados con los escasos recursos de la tierra.

El problema no nos queda lejos, la desertificación afecta al 8% del territorio europeo y trece Estados miembros, entre los que se encuentra España, ya se han declarado afectados por esta consecuencia medioambiental en la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación.

La causa del aumento de la desertificación es la actividad humana

Como principal culpable de este problema, el informe apunta directamente a la actividad humana. “El tema central de este Atlas es reconocer que los seres humanos están en el centro del cambio global medioambiental”, asevera. “Las actividades humanas son responsables del calentamiento, de la degradación de la tierra, de la contaminación del aire y del agua, del aumento del nivel del mar, de la erosión de la capa de ozono, de la deforestación extensiva y de la acidificación de los océanos, y están asimismo conduciendo la sexta ‘extinción masiva’ de la Tierra”.

La gestión eficaz del agua es una asignatura pendiente

Entre los problemas ambientales que nos acucian, repara en la “nueva urgencia” -si bien es ya un “asunto viejo”- de la gestión del agua. “Mientras que el área de agua superficial es mayor que en cualquier otro momento en los últimos 30 años, gran parte de ello se debe a la construcción de presas, las cuales pueden beneficiar a los intereses locales, pero amenazan los medios de subsistencia y el medio ambiente río abajo, a menudo mediante las fronteras internacionales”, recalca el informe.

Las dinámicas del agua subterránea global, que eran desconocidas hace 20 años, muestran por su parte “descensos alarmantes”, y precisa que este caso se da especialmente en áreas de alta demanda (por ejemplo, en campos agrícolas de regadío). “Los patrones globales de aguas superficiales y subterráneas indican la necesidad de gestionar el riesgo y planificar estratégicamente el agua, sobre todo porque la población humana está creciendo, la demanda de agua aumenta y la amenaza del cambio climático añade una incertidumbre creciente”, advierte el Atlas.

La Dieta de los seres humanos es insostenible

El documento Señala también entre los cambios que ejercen una presión sobre la tierra la alteración en la dieta de los humanos: “En los últimos 50 años, el aumento en la renta de las personas ha acarreado un cambio en la dieta humana; sus preferencias se han ido alejando de los alimentos derivados de vegetales y se han acercado cada vez más a los productos animales (leche, carne y huevos)”. “Esta tendencia exacerba la presión sobre los recursos terrestres finitos”, sentencia.

Y la alimentación es, en este contexto de degradación de la tierra, uno de los grandes desafíos a los que se enfrenta la humanidad, pues se estima que a final del siglo la población global esté entre los 10 y los 12 millones de personas.

El desarrollo sostenible es la solución a la desertificación

El documento de la Comisión Europea también apunta que “las tasas actuales de consumo de recursos y de generación de residuos, combinadas con el cambio climático, el aumento de la población mundial y la degradación ambiental extendida, sugieren que hay, en efecto, unos límites”, y que ello supone “el asunto más crítico para la ciencia de la sostenibilidad”.

Por tanto, incide sobre la necesidad que tenemos de “reconocer como meta el desarrollo sostenible”, que se define (según la Comisión Brundtland de la ONU) como aquel que “satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones”.

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