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La contaminación de la industria textil en el punto de mira

La industria de la moda necesita un cambio. Las tendencias de producción y consumo actuales, enmarcadas en el fenómeno de la “moda rápida”, acarrean consecuencias socioambientales en muchos casos irreparables, y la industria se ha dado cuenta de que, si quiere mantenerse, necesita reinventarse.

En 2015, la industria textil emitió el equivalente a 1.200 millones de toneladas de CO2, más que las que emitieron el transporte marítimo y la aviación internacional, juntos, según la Agencia Internacional de la Energía. Lo que hace más que evidente la contaminación de la industria textil es una realidad.

Por otro lado, la producción textil arrastra una importante huella hídrica, con un gasto de 93.000 millones de metros cúbicos por año, además de la contaminación que provocan los procesos de tinte y tratado de los tejidos, culpables del 20% de la polución global del agua. Este problema, que afecta a las fuentes de agua naturales, incide en última instancia sobre la salud de las personas que beben, riegan sus cultivos o se relacionan en torno a ese agua, así como de los trabajadores que están en contacto con los contaminantes durante los procesos.

Todo ello conduce a una situación de insostenibilidad, que tampoco es eficiente en el aprovechamiento de los recursos. Se calcula que menos de un 1% del material empleado para la producción de ropa es reciclado para nuevas prendas, lo que representa una pérdida anual de más de 100.000 millones de dólares en materiales.

Cada vez se fabrica más ropa y se acorta más la vida de las prendas

Pese a su multiplicidad de efectos nocivos, en las últimas décadas la producción textil no ha hecho más que crecer. De hecho, en quince años la producción se ha duplicado, pasando de las menos de 50 mil millones de unidades fabricadas en el 2000 hasta las más de 100 mil millones que se pusieron en el mercado en 2015.  Las ventas, como se puede uno imaginar, han crecido paralelamente a la producción, pero el uso por prenda se ha reducido de media un 36%.

Todos estos datos los recoge el informe “Una nueva economía del textil: rediseñando el futuro de la moda”, elaborado por la Fundación Ellen MacArthur como parte de su iniciativa “Fibras circulares” que busca mostrar el camino hacia una alternativa más sostenible para esta industria. El documento señala que, si continúan las tendencias actuales -basadas en el modelo lineal de producir, usar y tirar-, el impacto del textil sobre la tierra y los recursos podrá ser “potencialmente catastrófico”.

“Si persiste el ritmo actual, para el año 2050 la industria textil habrá usado el 26% del presupuesto de carbono asociado a la meta de los 2ºC”, asevera el informe, y alega que, si queremos mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2ºC para 2100 -que, según el IPCC, ya supondría consecuencias catastróficas para los próximos años- “será crucial abandonar este modelo lineal y derrochador”.

También advierten de que, en un escenario continuista, el número de microfibras de plástico que lleguen a los océanos acumulado entre 2015 y 2050 podrá sobrepasar las 22 millones de toneladas, algo profundamente dañino para los ecosistemas marinos y la seguridad alimentaria de las personas, entre otros.

Cómo cambiar el modelo de la industria textil

La propuesta de la Fundación Ellen MacArthur se resume en cuatro claves:

  1. Abandonar las sustancias “preocupantes” y prevenir la expulsión de microfibras. Para ello sugieren coordinar esfuerzos para innovar en la creación de materiales más seguros
  2. Transformar el modo en que se diseñan, venden y usan las prendas de ropa “para liberarlas de su naturaleza cada vez más desechable”. Se trata de aumentar la media de veces que se usa cada prenda.
  3. Radicalmente mejorar el reciclaje mediante la transformación en el diseño, recogida y el reprocesado de la ropa, pues a día de hoy no se contempla lo que ocurrirá con las prendas una vez éstas una vez terminada su vida útil. Para ello, habrá que estimular la demanda de materiales reciclados a través de “compromisos claros”, y escalar la recogida global.
  4. Hacer efectivo el uso de los recursos -ahorrando agua, materiales, energía- y transitar hacia fuentes renovables. Se estima que sólo los costes de las externalidades negativas impulsarán esta transición hacia un mejor uso de los recursos y mejores prácticas en la producción.

La moda circular como oportunidad

En este sentido, se están llevando a cabo iniciativas que, tanto a nivel nacional como internacional, están modificando los patrones de comportamiento de la industria textil.

En España, algunos clásicos de la moda sostenible son El Naturalista, que diseña zapatos sostenibles, y Ecoalf, que aprovecha residuos marinos como redes de pesca o botellas de plástico para confeccionar sus prendas. Pero cada vez más firmas se unen a la tendencia de la moda sostenible, usando materiales reciclados y ralentizando los ritmos de producción y comercialización de las temporadas, formando parte en el movimiento “slow fashion” (moda lenta). La tienda online “Moves to slow” es una suerte de escaparate a firmas como Ecoology, Flip & Flip, Nukak, o Organic cotton colours.

Ecoembes, la organización sin ánimo de lucro encargada de la gestión de residuos de envases en España, también participa de este movimiento.

Una de las iniciativas que impulsa Ecoembes para fomentar la moda sostenible es “El laboratorio”, un certamen en que los diseñadores y diseñadoras de moda presentan colecciones que emplean materiales reciclados para demostrar que “la moda circular también es una oportunidad”.

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