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La industria alimentaria y claves para transformarla

Transformar la industria alimentaria y el modelo alimentario que impera en nuestra sociedad —uno de los grandes depredadores de recursos y uno los principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI)— pasa necesariamente por renovar las normativas (comunitarias y domésticas), así como por cambiar estructuralmente los actuales modos de producción y por alterar los hábitos de los consumidores.

Estos son, a juicio de los especialistas reunidos en el Foro Multiactor de los ODS —celebrado en julio de este año— los tres ejes que enmarcan las líneas a seguir para atajar un problema ecológico que también es económico y social: un sistema alimentario basado en la producción industrial deslocalizada y en el uso indiscriminado de recursos finitos (hídricos y energéticos) en los procesos de producción.

Que algo no ha terminado de cuajar en la industria alimentaria lo saben las más de 800 millones de personas que hoy pasan hambre en el mundo. Pero también se han visto afectadas por el mal funcionamiento del modelo de producción y consumo las más de 1900 millones que padecen sobrepeso, así como las 650 millones de personas que sufren obesidad y las tantas muchas otras que tienen diabetes y otras enfermedades derivadas de la malnutrición.

La industria alimentaria está generando grandes problemas ambientales

Además de un problema de salud, este tipo de industria alimentaria provoca irreparables daños ambientales, por ejemplo con la extracción del aceite de palma, Sólo el derroche alimentario “inherente en el actual sistema agroalimentario (7,7 toneladas métricas por año sólo en España y 89 millones en la Unión Europea)” —recalcan desde el Foro— comporta el 10% de las emisiones globales de GEI, según el grupo de expertos en cambio climático de la ONU (IPCC).

Frente a estos desafíos, los expertos del Foro, que provienen de organizaciones como la Red Española para el Desarrollo Sostenible, WWF, OXFAM y UNICEF, hicieron propuestas en el marco de estos tres ejes: renovar las normativas, cambiar estructuralmente la producción y transformar los hábitos de consumo.

Én el ámbito de la normativa, propusieron medidas como ampliar la visión de la Política Agraria Común (PAC), de manera que ésta pase de Agraria a Agroalimentaria (PAAC) y que contemple las externalidades negativas ambientales y para la salud, así como el desperdicio alimentario “y la sostenibilidad del sistema en su conjunto”. También alentaron a fomentar una fiscalidad que incentive la producción ecológica y favorezca a los pequeños productores. En este sentido, según el documento que recoge las aportaciones del Foro Multiactor, los expertos sugieren acabar con las “subvenciones encubiertas” a la agroindustria y fomentar la agroecología. En paralelo, tienen peticiones concretas para España, como abordar la cuestión del agua y el estrés hídrico como una cuestión capital del país, incentivar el Plan Nacional de Empresas y Derechos Humanos o aprobar una estrategia de adaptación al cambio climático que valore cómo afecta esta crisis a los usos del suelo, entre otras.

Para aplicar cambios estructurales que favorezcan un modelo agroalimentario sostenible, los especialistas han destacado la necesidad de acortar las cadenas de producción y “repensarlas desde el punto de vista de la reducción en la utilización de recursos y en la generación de residuos”. Apuestan en este sentido por la economía circular como una “necesidad que requiere de la colaboración de todos: comercios, productores, legisladores, envasadoras, transportistas…”.

En cuanto al consumo, el Foro señala la importancia de la toma de decisiones del consumidor “formado e informado”, pues aseguran que éste “tiene la palanca para modificar el sector hacia uno sostenible”. Así, reivindican que los consumidores habrían de estar plenamente informados “con transparencia y veracidad, y así han de tenerlo en cuenta administraciones, organismos, empresas, programas políticos, etc”. Todo ello sin olvidar que los precios deben ajustarse a los daños ecológicos. Y que el cambio en las decisiones de compra pasa por facilitar que los productos más sostenibles sean más baratos y puedan satisfacer las necesidades de todos el mundo.

Para desincentivar el consumo de productos poco saludables como platos precocinados y con elevada huella ambiental sugieren aplicar medidas como, por ejemplo, la “ley semáforo” que se aplica en Reino Unido, Chile y otros países, y la cual avisa de estos criterios según un código de color.

 

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