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¿Cómo colabora Ecoembes para que las ciudades sean más circulares?

Las ciudades pueden ser el principio de un cambio hacia una economía circular, que aproveche al máximo los recursos y minimice el impacto socioambiental de la actividad económica. Su capacidad de actuar a corto plazo en la gestión municipal y regional es a veces una ventaja en comparación con la dificultad para adoptar determinadas medidas efectivas desde un gobierno central.

En concreto, las administraciones locales pueden contribuir a la transición en nuestro modelo productivo y de consumo que tanto la sociedad como el planeta están demandado, e implantar en su lugar un modelo circular, que sea respetuoso con los límites biofísicos de la Tierra.

Las administraciones locales colaboran a la transición hacia la economía circular

¿Cómo pueden hacerlo? Trabajando en cinco áreas principales:

  • La minimización del uso de recursos naturales
  • La gestión eficientemente del consumo del agua
  • La sostenibilidad en los espacios urbanos
  • La promoción de conductas saludables
  • La aplicación de políticas transversales

Así lo han considerado desde la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), organización que, junto con Ecoembes, ha desarrollado un nuevo modelo de estrategia local de economía circular, un conjunto de medidas y recomendaciones con las que ambas entidades pretenden impulsar esta transición a nivel local. La estrategia está pensada tanto para los ayuntamientos como para los gobiernos de las comunidades autónomas españolas, pues éstas son el punto de unión entre el gobierno central y el local. Tampoco deja de lado a las organizaciones y agentes que trabajan en torno a ambos tipos de administraciones (por ejemplo, las asociaciones vecinales y los movimientos sociales).

Conseguir minimizar el uso de recursos naturales

A fin de reducir el impacto ambiental asociado a la extracción y al tratamiento de las materias primas— implica seguir la jerarquía de las 3R, poniendo en primer lugar la prevención del derroche (la reducción) y promover la reutilización y el reciclado, dejando como último recurso la eliminación (incineración o desecho al vertedero). De hecho, en Europa las administraciones locales y regionales estarán obligadas a hacerlo, pues el nuevo paquete de economía circular de la Comisión Europea establece que en 2035  sólo se podrá depositar en vertederos europeos hasta el 10% de los residuos. No es tarea fácil. España, sin ir más lejos, ha destinado el 53,7% de sus desechos a vertederos, según los datos del INE correspondientes a 2016, cifra que ilustra la dificultad del reto que tenemos por delante.

Pero no todo está perdido. El nuevo modelo de estrategia local recomienda a las administraciones una serie de medidas: elaborar un programa de prevención y gestión de residuos a nivel municipal o supramunicipal, incentivar la prevención en la generación de residuos en la ciudadanía o, en relación a la gestión de los residuos una vez se han producido, promover la separación en origen y la recogida de residuos generales fuera del hogar, así como reciclar los residuos de limpieza viaria.

La gestión eficientemente del consumo del agua

En cuanto al consumo del agua, se trata de una cuestión clave tanto actualmente como en el futuro, al ser un recurso de primera necesidad que a la vez es escaso. Por ello, su reciclaje y reutilización son fundamentales para afrontar situaciones como las sequías (especialmente en las zonas mediterráneas, muy vulnerables ante este fenómeno).

El nuevo modelo planteado incide en la necesidad de promover el consumo responsable, con políticas como la optimización de la red de abastecimiento y saneamiento o el fomento de la reutilización del agua. Pero no todo queda ahí: también es importante  gestionar los residuos derivados del proceso de tratamiento (como los lodos de las depuradoras), que pueden ser aprovechados para otros usos (como la producción de energía renovable, en el caso de los lodos).

La sostenibilidad en los espacios urbanos

Por otro lado, los espacios urbanos cobran cada vez más protagonismo en la tarea conjunta de atajar la crisis ecológica, y lograr la sostenibilidad en estos entornos es también clave para alcanzar un modelo de economía circular a nivel global. El mundo de hoy soporta una creciente concentración de las ciudades que hace que los retos se amplifiquen (al haber menos recursos y más población entre la cuál repartirlos, los problemas se intensifican). Esto requiere por tanto un mayor compromiso por parte de las instituciones locales para poder disfrutar de ciudades sostenibles.

Siguiendo la línea de Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas, el nuevo modelo desarrollado por la FEMP apuesta por la planificación preventiva y regeneradora. Esto pasa por definir un sistema urbano centrado en la resiliencia, así como por promover la eficiencia energética en el parque inmobiliario de las instituciones. También es imprescindible aspirar a un modelo de movilidad sostenible, para lo que se planea re-ordenar el espacio urbano en detrimento del tráfico motorizado y en favor de las bicicletas, los peatones y los vehículos eléctricos, además de fomentar el transporte público.

La promoción de conductas saludables

Asimismo, es igualmente relevante cuidar de la salud de la población de estos entornos, porque una transición a una economía circular no puede dejar a nadie atrás. No puede descuidar la calidad de vida de las personas. En la “Carta de Ottawa”, que surge a raíz de la celebración de la Primera Conferencia sobre la Promoción de Salud, se reconoce la necesidad de que las personas tengan una mejor calidad de vida y de que puedan hacer lo posible por mejorarla gracias a un entorno de trabajo y estudios saludable y sostenible. Y los territorios serán saludables en tanto haya un desarrollo rural sostenible, una promoción urbanística enfocada en el bienestar y un impulso generalizado de los hábitos saludables, sin olvidarnos del consumo responsable y de la minimización del desperdicio alimentario.

La aplicación de políticas transversales

Por último, las políticas de transversalidad también serán esenciales para cerrar el círculo de la economía en las regiones y municipios. Según se desprende de la nueva estrategia que propone la FEMP, una buena organización transversal será aquella que atienda correctamente a tres aspectos primordiales: la flexibilidad en la metodología, la motivación, sensibilización e implicación de los agentes que actúan en el territorio y la transparencia e intercambio de información para un buen funcionamiento de todas las partes.

En este punto de la estrategia local se sugieren cuatro medidas concretas: la compra publica sostenible e innovadora; el desarrollo e implantación de nuevas tecnologías; la gobernanza compartida y transparencia; y  la comunicación y sensibilización. Políticas que deberán llevarse a cabo de manera conjunta, planificada y complementaria.

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