Cambio Climático en España

Cambio Climático en España. Consecuencias e impactos.

De manera natural y con carácter cíclico la Tierra ha pasado por épocas en las que las temperaturas variaban y en las que, en función de causas naturales, predominaba el frío o el calor. Es decir, siempre ha habido cambios climáticos y no es la primera vez que la Tierra se calienta. La alarma ahora es por dos razones fundamentalmente: lo está haciendo a un ritmo superior al que lo hiciera en otras épocas y esto está ocurriendo así por la acción del hombre.

El Acuerdo adoptado en la histórica Cumbre del Clima COP21 celebrada en París en 2015, en la que por primera vez la mayoría de los países, Estados Unidos incluido, se comprometían a reducir emisiones para mantener el calentamiento global, se fijó el objetivo de impedir el aumento de la temperatura media de la Tierra más allá de los 2ºC, y de hacer todo lo posible para evitar que subiera más allá de 1,5ºC -ya ha superado 1ºC-. Sin embargo, para muchos expertos, los compromisos que se han marcado los distintos países para lograrlo no son suficientes.

Y lo cierto es que muchos expertos afirman que la reacción del Acuerdo de París en 2015 es insuficiente y llega demasiado tarde. Sin caer el visiones apocalípticas. En 1988 se creó el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), una red de cientos de científicos que trabajan de manera coordinada y que años después presentó un Primer informe de evaluación probando que el cambio del clima era real y que había que poner los medios para frenar el aumento de temperaturas.  Hasta la fecha, el IPCC ha presentado cinco informes globales, ajustando cada vez más la idea de que con toda probabilidad la actividad de los seres humanos es la principal causa del actual calentamiento global. Desde principios de los años 90 hasta hoy, los avances para mitigar el cambio climático han sido insuficientes o no han tenido el impacto deseado.

Esta situación se produce especialmente desde el inicio de la revolución industria, cuando aumenta la necesidad de incrementar el uso de combustibles fósiles para generar energía y poder producir el máximo posible. Desde entonces hasta hora, el problema no ha hecho más que aumentar. Somos más personas, consumimos más cosas, hay más vehículos en circulación, el transporte aéreo ha crecido de manera exponencial… Se impone una transición energética y un nuevo modelo de consumo en el que la economía circular tiene mucho que aportar. Y es que no sólo son responsables las centrales de carbón o de gas y el uso del petróleo. Hay otros sectores como la industria, la agricultura y la ganadería que también liberan gases de efecto invernadero, perjudicando la capa de ozono, ya que consumen una cantidad importante de energía. Es, en resumen, un problema sistémico generado por el modelo económico-productivo apoya especialmente en el incremento constante del consumo y en el uso de combustibles fósiles.

El cambio climático en España

Aunque el cambio climático es un efecto global que nos afecta a todos y en todos los continentes, existen ciertas zonas del Planeta donde los efectos se van a vivir (o se están viviendo ya) con mayor virulencia. En el conjunto de Europa, una de las zonas más vulnerables a los efectos del cambio climático es la región sur, incluyendo la totalidad de la Península Ibérica.

No obstante, el conjunto de los países de la Unión Europea cumplirán con el compromiso adquirido en el Protocolo de Kyoto en 1997 sobre reducción de emisiones de CO2. En dicho protocolo, la UE se comprometía a reducir sus emisiones globales en un 8% respecto a los índices de 1990. Más tarde, la propia UE aumentó esta cifra hasta el 20%, y es muy posible que lo consiga, aunque no todos los países aportarán de la misma forma. Por ejemplo, el propio acuerdo de Kyoto permitía a ciertos países de Europa aumentar sus emisiones. Es el caso de España, que podía aumentar hasta en un 15% sus emisiones. Portugal o Grecia.

Viendo las tendencias de emisiones de los últimos años, parece que España cumplirá este tope de aumentar sólo un 15% sus emisiones en 2020 respecto a 1990. En todo caso, y de cara a las nuevas metas marcadas en el Acuerdo de París 2015 y de las propias directrices de la Unión Europea (reducciones de hasta un 40% para 2030). el Gobierno español está elaborando una Ley de Cambio Climático y Transición Energética.

Sus principales objetivos son facilitar el cumplimiento de España con sus compromisos internacionales y europeos en materia de cambio climático y de energía, promover las actuaciones con mayor capacidad para alcanzar los compromisos al menor coste posible, de manera que la política energética y de cambio climático favorezca la actividad económica, la competitividad y el empleo, y establecer los principios rectores que guiarán las actuaciones de los poderes públicos y del conjunto de la sociedad.  Las metas a alcanzar en España están claras: reducir hasta en un 26% las emisiones (respecto a 2005), mejorar en un 30% la eficiencia energética y alcanzar un aporte del 27% de energías renovables al conjunto del consumo energético nacional. Y todo ello para el año 2030. Además, no hay que perder de vista el gran objetivo de la UE a medio plazo: descarbonizar la economía hasta en un 85% para el año 2050.

Impactos en la Península

Sobre cómo hemos llegado hasta aquí es fácil de contestar: la principal causa del actual cambio climático en España y en el mundo, es el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero que se acumulan en la atmósfera impidiendo que el calor salga, de manera que calientan la superficie de nuestro planeta tanto en las zonas terrestres como en el mar. Este calor cambia los patrones que habían regulado el clima hasta el momento, además de otros efectos adversos que afectan a la supervivencia de los seres vivos como la acidificación de los océanos, la falta de agua o escasez de alimento, factores que también están alterando sus pautas de reproducción, migración, etc.

La velocidad a la que está cambiando el clima -tormentas, sequías, inundaciones- y sus impactos -subida del nivel del mar, problemas en las cosechas y subida de precios en los alimentos, escasez de agua o agua insalubre-  nos acerca a unas perspectivas verdaderamente dramáticas de vida en el planeta -enfermedades, pobreza, conflictos, falta de energía, migraciones- si no conseguimos parar el calentamiento global.

El mapa de riesgos climáticos que elabora la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), deja claro que el sur del continente será donde más se manifiesten los efectos climáticos del calentamiento global. Con especial interés, la AEMA indica que en la zona sur de Europa se producirán aumentos de la temperatura superiores a las del resto del continente, que habrá una importante reducción de las precipitaciones anuales y que disminuirá el caudal de los ríos. También indica que se expandirán enfermedades propias de zonas más meridionales, a la vez que se reduce la capacidad productiva del sector agrícola. El aumento del nivel del mar y del riesgo de desertificación son hechos que ya se pueden constatar en la región sur de Europa, especialmente en España.

La economía circular contra el cambio climático

Ya no vale el “comprar, consumir y desechar”. Se impone que todos los recursos circulen, y así lograremos descender drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero que liberamos a la atmósfera. Por ello, los objetivos de reducción de emisiones tanto de la UE como de muchos países del resto de continentes están asociados a proyectos sobre la implantación de criterios de economía circular, donde se reduce el consumo energético y el uso de materia prima en la producción de bienes de consumo, pero donde también se promueven modelos de transporte más sostenibles (por ejemplo el coche compartido), gestiones más eficientes del ciclo del agua o nuevas fórmulas para reducir la huella ambiental en el ciclo de vida de los edificios y las infraestructuras.

Se trata de reducir, pero también, cuando no es posible, de reusar y, en última instancia, reciclar, que no por ser la última opción es la menos importante, ya que da lugar a nuevos productos que contribuyen al evitar emisiones que se sí se generarían en caso de tener que fabricarlos de nuevo.

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