turismo sostenible

Veranos… mucho mejor si son sostenibles

Bañistas en la piscina de hotel bebiendo una piña colada con pajita. Colas en el control de seguridad de los aeropuertos por la ingente cantidad de personas que van a subirse a un avión el 1 de agosto. 

Cámaras de la DGT que controlan las principales autovías del país para evitar accidentes durante la operación salida. La conexión en directo desde algún lugar de Andalucía para comentar el grado máximo de temperatura alcanzado en lo que va de verano. Las escenas descritas podrían corresponder al periodo estival de cualquier año. 

Pero hay algo que también se repite en vacaciones de verano: aumento del consumo de agua, los miles y miles de litros de agua que emplean todos los hoteles para lavar las toallas que utiliza cada uno de sus clientes, los mares llenos de botellas de plástico, el vidrio o las latas que quedan en las playas después de las fiestas patronales y los festivales de música. 

La montaña es un destino de vacaciones que tampoco se salva; todavía hay personas que optan por el ocio rural y al aire libre sin atender demasiado a los residuos, envases y bolsas de plástico, que generan y que en muchos casos se quedan abandonados en la naturaleza (basuraleza), en vez de es su contenedor correspondiente. 

Además, con el calor el consumo energético se dispara por el mayor uso de ventiladores, aparatos de aire acondicionado, neveras y frigoríficos. Para evitar este pico de consumo se debe hacer un uso energético responsable, programando los aparatos de aire para que no funcionen durante la noche o estando muy pendiente de apagar la luz cuando ya no se necesita.

El medio de transporte público o privado que utilicemos para desplazarnos en vacaciones también es muy importante. El uso del avión se acentúa durante esta época del año, pues entendemos que esta es la forma más cómoda y rápida para viajar. Sin embargo, poca gente tiene en cuenta que el avión es, de lejos, el transporte que más contamina. 

Produce una media de 285 gramos de CO2 por pasajero y kilómetro. En comparación, el coche libera 68 gramos, y es el medio más usado por los españoles que se desplazan dentro de la península. Sin duda, la alternativa más ecológica es el tren, que produce tan solo 14 gramos de dióxido de carbono por kilómetro y pasajero.

Por todas estas razones cada vez más gente elige acciones respetuosas con el medio ambiente así como el turismo sostenible en verano para reducir su impacto en el medioambiente. Según la Organización Mundial del Turismo la definición de turismo sostenible es:

¿Qué es el turismo sostenible?

“Aquel que “ha de dar un uso óptimo de los recursos medioambientales, respetando la autenticidad sociocultural de las comunidades anfitrionas ayudando a conservar sus activos culturales, arquitectónicos y sus valores tradicionales” además de “asegurar unas actividades económicas viables a largo plazo que reporten a todos los agentes unos beneficios socio-económicos bien distribuidos”.

 

¿Que podemos hacer los ciudadanos para hacer turismo sostenible? 

Pues algo tan sencillo como, por ejemplo, en vez de hacer 500 kilómetros para ir a la playa donde probablemente nos encontremos con el vecino del edificio, intentar descubrir algún área rural o espacio natural cercana a nuestra residencia. A veces ocurre que, aunque hayamos recorrido todas las capitales europeas, no conocemos la historia de nuestra propia comunidad autónoma. Con este tipo de turismo reducimos en gran medida nuestras emisiones derivadas del transporte, ayudamos al desarrollo del turismo rural y apoyamos el comercio de proximidad.

De esta manera también estamos contribuyendo a la desmasificación de la costa y al cuidado del medio ambiente, que durante todos estos años ha conllevado una sobre-urbanización de las ciudades del litoral con todas las consecuencias que ello conlleva. La contaminación de las zonas de baño por la inadecuada depuración de las aguas residuales o el deterioro de entornos naturales muy ricos en biodiversidad. 

Es cierto que el peso del turismo es importante en España. Su aportación al PIB español en 2018 fue del 14,6 %, según los datos del Consejo Mundial de Viajes y Turismo. No obstante, no está de más plantearse que, si seguimos por este camino, puede que acabemos con la gallina de los huevos de oro.

No Comments