La nueva psicología del consumo revaloriza el tiempo. Por qué esperar.

Todos queremos lo que no tenemos, y gracias a las nuevas tecnologías y a la globalización, podemos conseguir cualquier cosa con un solo clic.

Según Marisa Santamaría, directora de la Unidad Internacional de Tendencias de la escuela de diseño IED Madrid “lo valioso es por definición, aquello que se sale de la norma”.

 

Durante años se consideraba que las personas importantes o con cierto estatus en la escala social no podían esperar. El tiempo era un activo de valor y, por esta razón, se les consideraba personas merecedoras de obtener todo aquello que necesitaran y desearan al momento.

Después se democratizaron un poquito los recursos y empezó a definirse la sociedad tal y como la conocemos hoy en día; una sociedad donde todos podemos obtener lo que queremos y cuando lo deseemos.

Tenemos todo a nuestra disposición y, sin embargo, nunca estamos satisfechos porque siempre encontramos en el mercado productos mejorados que no poseemos.

Como la competencia es feroz, queremos obtener resultados visibles en poco tiempo para ser los mejores. El problema es que, aunque a veces lo logramos, como no dedicamos el suficiente tiempo a indagar en nuestras necesidades reales y a trabajar en nosotros mismos internamente en vez de a nivel externo, tendemos a cometer los mismos errores.

 

Más lentos somos mejores

 

  • Tenemos que aprender a dedicar tiempo a la reflexión para comprender cuáles son nuestras verdaderas prioridades y qué valores sustentan nuestra vida para poder actuar acorde a ellos.
  • El estrés, las prisas y la necesidad que nos hemos autoimpuesto de llevar a cabo todo “a corto plazo” no nos proporcionarán buenos resultados.
  • El cambio que se prevé en un futuro cercano es revalorizar el concepto del tiempo. Dejar de pensar en que cada segundo que demoramos es una pérdida y comenzar a pensar que es una inversión que nos proporcionará resultados a largo plazo.
  • También practicar la meditación y dedicarnos unos minutos diarios nos ayudará para pensar en si actuamos en consonancia con nuestros objetivos y metas y, en caso necesario, redefinir nuestro rumbo.

 

Los límites no nos limitan

 

  • También es necesario ser conscientes de los límites. Tanto los recursos como nuestro tiempo para poder disfrutar de ellos, son limitados. Sin embargo, al contrario de lo que inicialmente pudiéramos creer, el conocimiento de estas limitaciones nos ayudará a priorizar y a invertir mejor nuestro tiempo.

 

Por qué pararse

 

  • Cada vez más personas asocian las esperas con el concepto del lujo, siempre y cuando esos períodos de tiempo hayan sido elegidos. Es decir, si yo escojo reservar mesa en un restaurante de primera calidad y con lista de espera, no me importará aguardar a que llegue mi turno. Pero, si voy a coger un avión y tengo que seguir una cola interminable, la sensación no será la misma, puesto que la situación no ha sido prevista.
  • En una sociedad dominada por la gratificación inmediata, el último lujo consiste en aquello que se hace esperar. Cuando esperamos para obtener aquello que hemos deseado durante mucho tiempo, el resultado es satisfactorio.

 

“Antes, las marcas vendían productos. Ahora, experiencias. Y la satisfacción de obtener algo que se ha deseado durante largo tiempo sin duda lo es”.

 

  • Podríamos decir que una de las mayores riquezas de nuestro tiempo es, frente a la rapidez y a los cambios constantes, desacelerarnos y tomarnos las cosas con calma. Tener tiempo para pensar, planificarnos, disfrutar de la familia y de los amigos, de las buenas conversaciones o de la naturaleza.
  • Por otra parte, pedir a las firmas la customización y personalización de los productos cuando vayamos a comprarlos puede proporcionarnos una satisfacción mayor que si obtenemos los mismos que el resto de las personas. Merece la pena esperar por un producto único y mejorado, que comprarnos cinco iguales a los que posean los demás.

 

Menos es más

 

  • Practicar la paciencia y disminuir el número de objetos de deseo centrándonos en la calidad antes que en la cantidad, nos permitirá disfrutar más y mejor de las cosas.
  • Si focalizamos nuestros esfuerzos en una o dos cosas, en vez de intentar abarcarlo todo, obtendremos resultados mejores y más satisfactorios. Esto lo podemos practicar en todos los ámbitos.
  • El slow food, la tendencia que antepone la comida ecológica y orgánica a la industrial, es un buen ejemplo de ello. Cuando comemos menos pero la calidad de los alimentos es buena, nos nutrimos mejor y gestionamos nuestra energía de una manera más óptima.
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