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Los recursos naturales en España para el 2019 ya han desaparecido  

El pasado 28 de mayo fue el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra de España, que marca simbólicamente el momento en que entramos en deuda con el planeta. Esta fecha se calcula comparando la huella ecológica de cada país por residente con la biocapacidad globalmente disponible por persona. Los recursos naturales en España, hasta que termine el año, ya estan en números rojos, por lo que aprovechar bien los recursos que tenemos (ya fuera del presupuesto ecológico) será clave para avanzar hacia la sostenibilidad.

Y es que, aunque no estuviéramos en deuda, ya sólo por precaución, España debería igualmente moderar su consumo de recursos pues, aunque su huella ecológica está por debajo de la media europea, es todavía demasiado alta para la capacidad que tiene el planeta de reponer los recursos.

Si cada habitante en el mundo tuviera el estilo de vida del ciudadano medio español, se necesitarían al menos 2,3 planetas para satisfacer la demanda humana de recursos. Así se desprende del último informe que ha elaborado la Global Footprint Network junto con WWF: Vivir por encima de los límites de la naturaleza en Europa.

La Unión Europea, en su conjunto, tiene un consumo todavía mayor que el de España. De hecho, si la UE fuera un país, sería el tercero del mundo con mayor huella ecológica, según WWF. Su Día de la Sobrecapacidad se dio el 10 de mayo, un dato que pone de manifiesto el imparable crecimiento que ha experimentado la huella ecológica de la UE en las últimas décadas; en los años 60 el Día de la Sobrecapacidad de la UE era el 13 de octubre.

Este conjunto de Estados europeos ocupa cerca del 20% de la biocapacidad de la tierra, aunque sólo acoge al 7% de la población mundial. Por eso, “necesitaríamos 2,8 planetas si todos consumieran al ritmo que lo hace el residente medio de la UE”, destaca la publicación.

Las causas del consumo de recursos naturales

¿Y qué es lo que hace a países como China, EE.UU., India, Rusia y Brasil, así como a la UE, principales focos de consumo de recursos? Principalmente por las actividades como el cultivo (la demanda de terrenos para la obtención de alimentos y fibras, piensos para animales, cultivos oleaginosos y caucho), las emisiones de carbono, el pastoreo, la pesca, la explotación forestal y la urbanización (que cubre áreas biológicamente productivas con infraestructura —viviendas, carreteras y estructuras industriales—).

“Hasta la década de los setenta, nuestro planeta era capaz de proporcionar más de lo que demandaban sus habitantes. Desde entonces, nuestro ritmo de consumo ha aumentado y es hoy en día signi cativamente mayor que la tasa de renovación de la Tierra, alcanzando el equivalente a 1,7 planetas”, asevera el informe.

China es actualmente el país del mundo con mayor huella ecológica en términos totales (es dos veces mayor que la de EEUU y la UE), pero no per capita. La explicación es que la población china es mucho mayor que la de las otras dos grandes potencias comerciales. Así, el consumo por persona de EEUU y de la UE es sensiblemente más alto.

Las emisiones de CO2, principal contribuyente de la huella ecológica europea

En Europa, el principal componente de la huella ecológica es la huella de carbono, que representa el 60%. Esto le pasa factura sobre todo a Luxemburgo, el país europeo con más huella ecológica per capita, gracias en parte a sus bajos impuestos sobre el combustible. Allí, precisa el documento, “la gasolina es bastante más económica que en los países vecinos, lo que alienta a los conductores de las regiones circundantes a ir allí y llenar sus tanques”.

Un dato llamativo es que entre los países de la UE con más huella ecológica están Dinamarca y Suecia. Ambos estados escandinavos son ejemplos mundiales en materia de acción climática y desarrollo sostenible, según han concluido diversos estudios que han evaluado el progreso de las naciones para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas o los compromisos del Acuerdo de París. Sin embargo, su consumo per capita de recursos es sensiblemente mayor al del resto de países europeos. En Suecia, tiene un peso relevante la huella ecológica de productos forestales, que incluye la producción doméstica y las importaciones, menos las exportaciones.

Pero más allá de la huella de carbono —que incide sobre el cambio climático y por tanto contribuye a devaluar la calidad de los ecosistemas y, así, la rebajar la biocapacidad de la tierra—, factores como el consumo de alimentos y materia prima en la UE también han favorecido que los los países que históricamente eran ricos en biodiversidad hayan visto colapsar su naturaleza en décadas recientes, como ha ocurrido con Indonesia, por ejemplo.

Pero no todo está perdido. El informe de la Global Footprint Network ofrece algunas de las soluciones hacia las que debería avanzar la UE para revertir o controlar la situación actual. En concreto, proponen: cambiar a un consumo y a un sistema alimentario sostenibles, hacer que Europa sea climáticamente neutra en 2040, restaurar la naturaleza, proteger los océanos e invertir en un futuro sostenible.

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