frenar el cambio climático

¿Puede la economía circular frenar el cambio climático?

No es fácil dar con soluciones a un problema tan abrumador como la crisis climática, en el que hay tantas causas como posibles intereses confrontados.

Después de los grandes culpables (el sector energético, el transporte y la agricultura), uno de los sectores más contaminantes —esto es, que más emisiones de gases de efecto invernadero emiten a la atmósfera— es la construcción, responsable del 5% de las emisiones de CO2 a nivel mundial.

Buena parte de la huella de carbono de la construcción se debe a los materiales. El hormigón, el más empleado en el mundo, emplea para su producción 1,6 billones de toneladas de cemento al año. Y cada tonelada de cemento emite en su fabricación 1 tonelada de CO2 a la atmósfera. Así que son 1,6 billones de toneladas de CO2 emitidos en un año, sólo en la fabricación de cemento para producir hormigón. Por otro lado, la maquinaria que se utiliza en el propio proceso de construcción se impulsa gracias a combustibles fósiles, lo que contribuye a aumentar el impacto.

También es un sector con una elevada generación de residuos, y que es responsable del 20% de la contaminación de las aguas. Por eso ahora, en medio de la crisis climática que es ya evidente, se apuesta cada vez más por materiales alternativos, como la madera o el bambú, que pueden ser grandes aliados en la lucha contra el calentamiento.

Pero hay una opción que presenta un enorme potencial en la tarea de hacer más sostenible a la industria: la economía circular.

Un 60% de reducción en las emisiones GEI

La Agencia Europea del Medio Ambiente calcula que aplicar la economía circular a la construcción pues traducirse en una reducción del 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Se trata de que el flujo de materiales sea más eficiente, que mantenga la calidad y utilidad de estos durante el mayor tiempo posible. Ahí es donde entra la economía circular, cuyo propósito por naturaleza es precisamente ese: alargar la vida de los productos y reintroducir en el ciclo productivo los “descartes” o “desechos” que, en realidad, son recursos.

Se puede hacer de diferentes maneras: para empezar, evitando las pérdidas de materiales, fabricando mejor (con criterios de ecodiseño) y sustituyendo materiales con una alta huella de carbono por otros que tengan un menor impacto ecológico.

La AEMA publicó recientemente un informe, en que incluía una larga lista de posibles medidas de economía circular, que van desde la impresión en 3D de elementos de edificios hasta la mejora del mantenimiento para prolongar la vida útil de un edificio.

En el estudio, se fijó como línea base el flujo de materiales y emisiones de 2015 y se propusieron tres posibles: un caso base sin cambios con respecto a la línea de base de 2015, un escenario de ambición media con un 50% de aplicación de las acciones preseleccionadas y un escenario de alta ambición con una aplicación del 100% de las acciones preseleccionadas en toda la UE para 2050.

“Al ampliar las acciones circulares preseleccionadas a los tres escenarios, quedó claro que pueden tener un importante impacto acumulativo. Para 2050, en una hipótesis de gran ambición, podrían reducir las emisiones de gases de efecto invernadero hasta en un 61% (130 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente) en la UE-27 y el Reino Unido a lo largo del ciclo de vida de los edificios (en comparación con la línea de base de 2015 y con los supuestos del estudio)”, concluye el documento.

Pero además hay que tener en cuenta medidas de eficiencia energética, que pueden por su parte rebajar considerablemente las emisiones de GEI, también, en el proceso de construcción.

Materiales clave

El informe de la AEMA recomienda recortar sobre todo en materiales como el hormigón, el cemento y el acero, donde está el mayor potencial en la reducción de emisiones.

“La mayoría de las acciones de economía circular preseleccionadas son prometedoras como vías para reducir las emisiones en los próximos 30 años”, indica este organismo europeo. Sin embargo, tres ofrecen las mayores reducciones en comparación con la línea de base: “en la fase de diseño, un 12% de reducción de las emisiones mediante la reducción de las especificaciones excesivas del hormigón en los planes de construcción; en la fase de producción, una reducción del 16% de las emisiones mediante el uso de tipos de cemento innovadores y alternativos; en la fase de demolición y gestión de residuos, un 15 % de reducción de emisiones mediante la reutilización de acero estructural”.

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