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Ihobe. 10 formas sencillas de luchar contra el cambio climático

Qué es Ihobe

El Ihobe es la Sociedad Pública de Gestión Ambiental del Gobierno vasco, y por ello ha recogido en un nuevo informe 52 gestos que se pueden hacer por el cambio climático.

El barómetro de noviembre del CIS determinó que el 83,4% de los españoles cree que el cambio climático es ya una realidad (el 94,4% de los cuales afirma que este fenómeno es consecuencia de las actividades humanas). Las cifras pusieron de manifiesto que el negacionismo en España no tiene apenas representación, especialmente en comparación con países como, por ejemplo, Estados Unidos.

Sin duda estamos ante uno de los mayores retos a los que se ha enfrentado la humanidad: limitar el calentamiento global -y paliar sus efectos- mediante la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Todos estamos implicados en el cambio climático

Y este desafío, el de solventar la crisis climática, a veces puede parecer una cuestión lejana, abstracta, o que compete nada más que a los gobernantes de los países con más emisiones y a las industrias más contaminantes. Sin embargo, todos podemos formar parte de la transición ecológica: las empresas, desde el rediseño de sus modelos de negocio para hacerlos sostenibles, idean nuevas formas de producir y consumir (como la economía colaborativa), y fomentan el paso hacia una economía circular y baja en carbono; los gobiernos, desde la presión institucional y la legislación para impulsar políticamente todos los cambios necesarios; y la ciudadanía, que, con su voto, sus elecciones de consumo y sus propios hábitos cotidianos, puede también contribuir a la lucha contra el cambio climático.

El cambio climático es responsabilidad de todos, desde empresas hasta nosotros en nuestras casas Clic para tuitear

El Ihobe, la Sociedad Pública de Gestión Ambiental del Gobierno vasco, ha recogido en un nuevo informe 52 gestos que se pueden hacer por el cambio climático. En Economía Circular Verde hemos seleccionado 10 del total de propuestas que aúna el documento sobre lo que cada uno puede hacer, en su día a día y sin apenas esfuerzo, para ayudar a resolver el considerado mayor problema del siglo.

Algunas medidas recomendadas por Ihobe

  1. Racionalizar el consumo de agua caliente

    . ¿Alguna vez has considerado el gasto energético -y consecuente impacto económico y ambiental- del calefactor de agua? El agua caliente sanitaria es, después de la calefacción, el segundo consumidor de energía de nuestros hogares, recuerda el Ihobe, y apunta que ésta “origina un 20% de las emisiones de CO2 del hogar”. Muchas de las utilidades del lavabo -cepillarse los dientes, afeitarse, lavarse las manos, etc- no precisan agua fría. Sin embargo, en los grifos que tienen un monomando (en lugar de una llave para el agua caliente y otra para la fría), éste tiende a posicionarse centrado, de forma que a menudo usamos agua tibia para actividades que podrían prescindir de esa calefacción.

 

  1. Atención al horno.

    El horno es uno de los electrodomésticos que más electricidad consumen. Utilizarlo no es ningún crimen, pero sí podemos aplicar algunos trucos para gastar menos energía. Por ejemplo, si se apaga cinco minutos antes de terminar la cocción, el calor residual ya es suficiente para acabar el proceso. Otro consejo es no abrir la puerta del horno mientras se está cocinando, pues cada vez que lo hacemos se pierde por lo menos el 20% de la energía acumulada en su interior.

 

  1. Reparar antes de tirar.

    Dar una segunda oportunidad a los objetos que se rompen puede repercutir de manera muy significativa sobre la forma de entender el consumo. Romper con el modelo lineal de comprar-usar-tirar incluye también la toma de conciencia y acción del propio consumidor, que puede decidir no comprar cosas que estén destinadas a la obsolescencia.

  1. Optar por el toldo y el ventilador, antes que el aire acondicionado.

    Cuando hace calor, algo tan sencillo como los toldos puede ahorrar incluso más del 30% del consumo de energía del hogar. La ventilación natural y el ventilador también son mejores opciones que el aire acondicionado.

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  2. Comprar productos de cercanía y de producción local

    Esto evita las emisiones del transporte de los productos importados y también beneficia la economía local y las relaciones vecinales, así como el propio bolsillo, pues se ahorrará el dinero del desplazamiento y el empaquetado (si la compra es en el mercado, a granel).

 

  1. Coger la bicicleta.

    Es el medio de transporte más rápido, eficaz y barato en una ciudad. Además, es la más saludable para el planeta, y para los propios humanos, pues pedalear mejora el sistema inmunológico, previene dolores de espalda, protege las articulaciones y reduce el 50% el riesgo de sufrir un infarto.

 

  1. Controlar los impulsos consumistas.

    El Ihobe recuerda que, detrás de la obtención de las materias primas que se emplean para fabricar los teléfonos móviles -litio, cobalto, cobre, estaño, plástico e incluso oro y plata- “hay prácticas de deforestación, conflictos armados, contaminación del agua y suelo”, etc. La vida de estos productos puede ser mucho más larga, sólo hay que tener en mente el coste ambiental y social de su producción. Este principio se puede aplicar al resto de productos susceptibles de ser sustituidos en función de las modas.

 

  1. Gestionar bien la basura.

    La separación en origen de los residuos domésticos ayuda considerablemente a agilizar los procesos de triaje en las plantas de tratamiento y a mejorar así la calidad del reciclado. Recuerda: latas, envases y briks al contenedor amarillo; vidrio, al verde; papel y cartón, al azul; materia orgánica, al marrón; y restos al gris. Pilas, aceites, restos de medicamentos, residuos electrónicos… cada uno, por separado, a su correspondiente contenedor o punto limpio.

 

  1. Volar barato sale caro.

    Coger aviones es cada vez más barato. Sin embargo, hay un coste que a menudo no se tiene en cuenta: el ambiental. La aviación es la fuente de emisiones de CO2 que más está incrementando en el sector del transporte. Para largos desplazamientos, se pueden planificar los viajes con otras alternativas de transporte o compensar las emisiones de los vuelos mediante donaciones a proyectos de acción climática, por ejemplo.

  2. Modera el consumo de carne.

    No es necesario hacerse vegano o vegetariano para contribuir a la lucha contra el cambio climático. Pero sí es preciso reducir el consumo de carne. El Ihobe recuerda que “las 20 principales compañías cárnicas y lácteas emitieron más gases de efecto invernadero en 2016 que toda Alemania” y alega que “si estas empresas fueran un país, serían el séptimo mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo”. Incluir más frutas, verduras y legumbres en la dieta es además muy saludable y las comidas pueden resultar igualmente sabrosas.

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