¿Tu estilo de vida es sostenible? Mide tu huella ecológica.

Nuestra vida diaria está marcada por el consumo de: alimentos, bebida, luz, gas, productos, ropa, medicamentos y medios de transporte, entre otras cosas.

Dicho consumo no es neutral, debido a que el modo en el que nos relacionemos con los recursos definirá el tipo de sociedad en la que vivimos.

El primer eslabón de la construcción de la Economía Solidaria es que seamos éticos, responsables y solidarios. Cuando definimos las necesidades y deseos de las personas, podemos planear qué es necesario producir, con qué tecnología, en qué cantidad y con qué calidad.

La realidad es que todos los seres humanos provocamos un impacto ambiental determinado; pudiendo trabajar hacia la sostenibilidad o hacia una situación catastrófica e inaceptable.

Aquí te ofrecemos una herramienta que te ayudará a tener un conocimiento cercano de las consecuencias que tus actividades cotidianas generan, muchas veces casi sin darte cuenta.

 

¿Qué es la huella ecológica?

 

Actualmente, dentro del contexto económico de los países, usamos como indicador el PIB (Producto Interior Bruto).  Pero desde mediados de los años ochenta se ha ido detectando la necesidad de construir indicadores que proporcionen información del “impacto humano” sobre la capacidad de los sistemas naturales para el abastecimiento.

Y fue entonces cuando alguien quiso representar de forma gráfica y práctica el consumo de recursos y pensó en calcular la superficie terrestre que necesitaría una persona para mantener su tren de vida.

Así nació el concepto de “huella ecológica”; pudiéndose medir el área productiva necesaria (tierra y agua) para obtener los recursos que se consumen y absorber los desechos que se generan.  Y se usa como un indicador del grado de sostenibilidad necesaria a escala individual e internacional.

Hoy en día, teniendo en cuenta la información que nos proporciona, es necesario diseñar políticas equilibradas comprometidas con la naturaleza y que en el futuro apoyen el bien de la sociedad.

La huella ecológica es muy evidente en las grandes ciudades occidentales. El 20% de la población que vive en ciudades ricas consume más del 60% del producto económico mundial y genera el 60% del total de los desechos.

Actualmente “se mantiene” el modelo económico de consumo occidental porque los países en vías de desarrollo no consumen en las mismas cantidades. De no ser así, harían falta 3,5 planetas terrestres para suplir todas las necesidades.

La media del área de tierra productiva que corresponde a cada ser humano para sustentar su vida es de 1,8 hectáreas. Pero la huella ecológica media global es de 2,2. En el caso de los estadounidenses es de 9,57 hectáreas, mientras que en Bangladesh es de 0,6.

El concepto de huella ecológica deja en evidencia que el modo de vida de los países más ricos no puede extenderse al resto del planeta porque no habría recursos para todos. Por lo que una economía mundial sostenible ha de pasar por una reducción del consumo de dichos países.

 

¿Qué se tiene en cuenta para poder calcularla?

 

  • Para producir cualquier bien o servicio, se necesitan materiales y energía, provenientes en última instancia de sistemas ecológicos o del flujo de energía directa del Sol en sus manifestaciones.
  • Se tienen en cuenta los sistemas ecológicos necesarios para eliminar los residuos que han sido generados durante el proceso de producción y durante el uso de los productos finales.
  • El espacio que ocupan todas las infraestructuras y que limitan las superficies de ecosistemas productivos.
  • Si quieres medir la tuya puedes hacerlo desde aquí.

 

Aspectos que no contempla la huella ecológica

 

  • Algunos de carácter cualitativo, como las contaminaciones del suelo, del agua, y la atmosférica (a excepción del CO2), la erosión, la pérdida de biodiversidad o la degradación del paisaje.
  • Se asume que las prácticas en los sectores agrícola, ganadero y forestal son sostenibles y que la productividad del suelo no disminuye con el tiempo.
  • La mayor parte del impacto asociado al uso del agua no se mide, excepto la superficie que ocupan los embalses y las infraestructuras hidráulicas, y la energía asociada a la gestión del ciclo del agua.

 

¿Qué es la biocapacidad de un territorio?

 

Son los recursos de los que disponemos o la superficie biológicamente productiva (cultivos, pastos, mar productivo o bosques) disponible.

Del cálculo de la diferencia entre la biocapacidad y la huella ecológica, obtenemos el déficit ecológico.

 

¿Cómo puedes reducir tu huella?

 

 

  • Toma conciencia. Cada una de tus acciones tiene una consecuencia.
  • Piensa si realmente necesitas lo que vas a comprar o si hay alternativas.
  • Piensa en el impacto ambiental desde el punto de vista del ciclo vital del producto que vas a obtener: sus procesos de producción, transporte, distribución y los residuos que genera.
  • Alarga la vida de tus posesiones. Repara lo que se te estropee antes de tirarlo.
  • Define la huella ecológica que produce tu estilo de vida y replantéatelo.
  • Camina, pedalea, utiliza el transporte público.
  • Cuando no te quede más remedio que coger el coche, compártelo
  • Reduce residuos. Opta por envases grandes con pocos envoltorios. Producimos cada año una cantidad de basura igual a 10 veces nuestro peso.
  • Reutiliza lo que puedas y recicla.
  • Ahorra energía. Usa electrodomésticos y bombillas de bajo consumo. Duran más.
  • Evita dejar aparatos en stand-by o los cargadores enchufados porque siguen consumiendo energía.
  • Ahorra agua innecesaria. Un grifo goteando desperdicia 50 litros de agua en una semana.
  • Asegúrate de la calidad de los productos que compras.
  • Planea el tipo de comercio que deseas favorecer, fomentar y apoyar. Para conseguirlo averigua cuáles son las empresas, productos y servicios que respetan el medio ambiente y los derechos humanos para preferirlos frente a aquellos que no cumplan los requisitos citados.

 

Entre todos podemos conseguir reducir nuestro impacto en el medio ambiente y unir fuerzas para apostar por la sostenibilidad.

No Comments