polvo de roca

Polvo de roca Frente a la degradación de los suelos naturales

El suelo es elemental para la vida en la Tierra. Sin embargo, no se le presta toda la atención que correspondería y no siempre se trata de manera respetuosa con sus propios límites. La sobreexplotación del suelo o el monocultivo son algunas de las prácticas que acaban empobreciéndolo y rebajando su fertilidad (o sea, su productividad). El suelo se degrada a medida que pierde nutrientes.

¿Qué se necesita para que un suelo sea fértil?

Así lo explica la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO): “Un suelo es fértil cuando tiene los nutrientes necesarios, es decir, las sustancias indispensables para que las plantas se desarrollen bien. Las plantas consiguen del aire y del agua algunos elementos que necesitan, como el carbono, el hidrógeno y el oxígeno. Otros nutrientes esenciales están en el suelo: aquellos que los vegetales requieren en grandes cantidades se llaman nutrientes principales. Son el nitrógeno, el fósforo, el potasio, el calcio y el magnesio. Proceden de las rocas que dieron origen al suelo y de la materia orgánica descompuesta por los microorganismos. Los nutrientes deben estar siempre presentes en las cantidades y proporciones adecuadas”.

¿Qué es el polvo de roca?

Cuando un suelo ha perdido nutrientes o está en proceso de degradación, una forma de remineralizarlo de forma ecológica —sin usar agroquímicos— es empleando polvo de roca. Esta técnica se ha utilizado desde tiempo ancestrales y hoy por hoy constituye una práctica esencial en la agricultura orgánica y regenerativa. Las rocas pueden contener multitud de minerales como calcio, potasio, fósforo o silicio, por ejemplo, fuentes naturales que actúan como superalimentos del suelo.  Usar estos fertilizantes es fácil y barato. Incluso, puede salir gratis, si la harina de roca se la fabrica uno mismo.

Para ello habría que tener a mano unos guantes, unas gafas de seguridad y un martillo para machacar piedras. Al elegirlas, mejor si brillan. También habría que disponer de una roca grande sobre la que triturar las piedras. Una vez trituradas, la harina de roca que quedaría se tamiza con ayuda de un colador y  las piedrecitas que quedan en el tamiz se pueden guardar para volver a machacar y tamizar en el futuro.

El abono natural que quedaría como resultado es una potencial ayuda importante para el suelo y, por ende, las plantas que se quieran cultivar. Entre otros beneficios, el polvo de roca re-equilibra el pH del suelo, aumenta la actividad de lombrices y favorece el crecimiento de microorganismos. Además, evita la erosión del suelo, mejora la resistencia a insectos, enfermedades, heladas y la sequía, añade superficie de suelo y eleva la capacidad de ingesta de nutrientes que tienen las plantas.

Más allá de estos beneficios para el cultivo y mantenimiento de las plantas y del suelo, en verano de 2020 un estudio publicado en la revista científica Nature reveló que el polvo de roca tiene el potencial de retirar de la atmósfera hasta dos mil millones de toneladas de CO2, lo cual lo convierte en una posible solución —junto con la reducción necesaria de las emisiones de gases de efecto invernadero— a la crisis climática. Este elemento también tiene “posibles beneficios colaterales para mejorar la seguridad alimentaria y del suelo, y reducir la acidificación de los océanos”, escriben los autores de la investigación, liderados por un grupo de especialistas de la Universidad de Sheffield, en Reino Unido.

El estudio también destaca que la meteorización de rocas presenta una oportunidad en la economía circular, con el uso de subproductos mineros y materiales de construcción reciclados.  Los científicos explican que podrían usarse, por ejemplo, los productos de silicato provenientes de la industria minera y de la producción de hierro y acero, o también el cemento sobrante de las construcciones. Habría que procesarlos y usarlos como fertilizante.

Esto puede suponer un paso importante en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas. El ODS12, “producción y consumo responsables”, aspira a una gestión eficaz de los residuos, de manera que se aproveche al máximo el tiempo de uso de un producto y se pueda recuperar su función a través de la reutilización o del reciclaje.

Entre un 60 y un 70% de los residuos de la construcción y demolición (RCD) son materiales minerales (tierras, hormigón, ladrillos, cerámicos), según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. En ese porcentaje que no incluye materiales minerales, hay una parte de residuos peligrosos que pueden comprometer el reciclaje de los no peligrosos. Por eso la normativa prohibe expresamente mezclar estos dos tipos de residuos (peligrosos y no peligrosos) para favorecer una gestión  sostenible y responsable con la salud humana.

Volviendo al polvo de roca, hay diferentes tipos, tal y como recoge el portal Grow Organic en esta guía. Por ejemplo, está el polvo de roca de basalto, que es una roca volcánica y es una fuente ideal de magnesio, hierro, manganeso, cobalto, zinc y aluminio, entre otros minerales. También está el polvo de roca glaciar, que proviene de las rocas depositadas por la acción glaciar. Contiene una mezcla más compleja de minerales que otras rocas. Especialmente buena para añadir calcio, hierro, magnesio y potasio a la tierra que se quiera fertilizar.

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