el compromiso climatico del sector privado

El compromiso climático del sector privado

El cambio climático es un problema difícil de atajar por múltiples motivos. Por un lado, es un desafío global, con responsabilidades distintas —en función del país, de la industria y de las políticas— y con soluciones muy complejas que requieren cambios radicales y estrategias a largo plazo que se implementen simultáneamente en numerosos países y a distintos niveles de gobernanza. Por todo ello, lograr la cooperación entre los estados y las administraciones incluso a nivel interno es en sí bastante complicado.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la transición ecológica que la comunidad científica estima necesaria para frenar el calentamiento global debe hacerse con unos criterios de justicia e igualdad para que rebajar las emisiones de gases de efecto invernadero —culpables de este fenómeno— no implique la destrucción de empleo en los sectores más contaminantes y el empobrecimiento de los colectivos más vulnerables de la sociedad.

Ante estos retos, tanto el sector público como el privado y la ciudadanía deben ir de la mano en el avance hacia una economía baja o neutra en carbono, lo que supone que las acciones para revertir la crisis ecológica que se lleven a cabo por una parte deben ser apoyadas por las otras. Así, la población debe tomar conciencia respecto a su huella ecológica y tratar de incorporar el factor del impacto ambiental a todas sus decisiones cotidianas, pero las empresas, en tanto productoras de bienes y servicios, también deben hacerse responsables del impacto climático que acarrea su actividad, y hacer todo lo posible por impulsar un cambio de modelo a uno que respete los límites planetarios.

En este punto, cabe preguntarse: ¿tiene la ciudadanía, por ejemplo, española, el apoyo del sector privado? ¿Sienten los españoles que las empresas les apoyan en su lucha contra el cambio climático? Para el 59% la respuesta es no. Al menos así lo reflejaron los resultados de la encuesta que llevó a cabo el Banco Europeo de Inversiones (BEI) a finales del 2018, que mostraron también que España está entre los países de la Unión Europea más descontentos con el compromiso climático del sector privado.

Mientras que aproximadamente la mitad (54%) de los europeos declararon no sentirse apoyados por las compañías en su acción climática, en España la cifra de descontento es cinco puntos superior. Curiosamente, en la exigencia de medidas responsables con el clima por parte de los clientes o consumidores para con las empresas se da una disparidad de género: Según el estudio del BEI, el 77% de las mujeres españolas asegura prestar atención al impacto ambiental de un producto o servicio antes de comprarlo, respecto al 67% de los hombres. 

¿Qué hacer para incentivar la acción climática en el sector privado?

Para la mayoría (67%) de españoles los reglamentos e incentivos fiscales son la medida más efectiva para fomentar que las empresas adopten los cambios necesarios para combatir el calentamiento global. Por su parte, un 14% señaló que la solución está sobre todo en la inversión en empresas y tecnologías respetuosas con el clima y para un 12% se trata de apoyar la investigación tanto en cambio climático como en tecnologías verdes.

Europeos, los más preocupados por el medio ambiente

En otros países de la UE, la cantidad de personas que no se sienten apoyadas por las empresas en su lucha personal contra el calentamiento global es todavía mayor. Es el caso de Portugal, Francia, Italia y Grecia donde el porcentaje de ciudadanos que están insatisfechos en este sentido es, respectivamente, del 65, 64, 64 y 63 por ciento.

Y es que los europeos son, en general, los más exigentes respecto a las políticas ambientales de las empresas que producen los servicios y productos que consumen. Las encuestas del BEI también mostraron que el impacto climático es para el 67% de europeos una cuestión “muy o bastante importante” a la hora de hacer una compra, mientras que para los estadounidenses y los chinos esta cifra era 10 puntos inferior.

El sector privado europeo también es el más comprometido con el reto climático. Una prueba de ello son los datos de inversión de las compañías europeas, pues son éstas las que más invierten en la I+D orientada a energías renovables. En 2017, el sector privado de Europa invirtió un total de 1.300 millones de euros en esta industria, mientras que en EE.UU. la cifra fue de 900 millones de euros. En China, la mayor parte de la inversión ha sido por parte del Gobierno, con 1,700 millones de euros ese mismo año, mientras que su sector privado sólo invirtió 80 millones de euros en el sector de investigación y desarrollo de energías renovables.

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