Agricultura

Agricultura y cambio climático. Europa tiembla con lo que se avecina

¿Cómo va a evolucionar la agricultura y el cambio climático en Europa?

¿Qué será del sector agrícola en un planeta 1,5 ó 2 grados centígrados más cálido, con un suelo mucho más castigado (y por tanto más estéril), con significativamente menos agua disponible y con lluvias impredecibles y mucho más destructivas? Es probable que  esta sea la principal preocupación para quienes viven de lo que cultivan. Y las predicciones científicas en torno a esta cuestión no son nada alentadoras.

En el sur de Europa, la agricultura será hasta un 80% menos productiva por efecto del cambio climático,  para finales de siglo, según ha calculado la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA). Esta institución augura que, aunque la seguridad alimentaria no esté necesariamente en peligro dentro de la Unión Europea, el aumento generalizado de la demanda de comida a nivel mundial conllevará a un aumento en los precios de los alimentos en las próximas décadas.

Es necesario realizar una reforma agraria

Así lo recoge la AEMA en su último informe: ‘Adaptación al cambio climático en el sector agrícola en Europa’, el cual refleja la urgencia de transformar nuestro sistema agrario a fin de reducir las emisiones  de gases efecto invernadero (GEI), responsables del calentamiento global, así como de adaptar las tierras europeas a un futuro de condiciones climáticas más extremas y a un contexto de degradación ambiental (propiciado a su vez —y parcialmente— por la crisis climática) también menos favorable para los cultivos.

La emergencia climática es todavía más urgente en el sur y en el Mediterráneo, señalan los últimos datos de la AEMA. Los efectos de la crisis se cebarán especialmente en estas zonas, donde se prevé que la producción agrícola, el rendimiento de los cultivos y la producción ganadera no sólo disminuirá considerablemente, sino que incluso tendrá que abandonarse dada la gravedad de las circunstancias.

“Los efectos adversos del cambio climático ya se están notando en Europa. Las condiciones meteorológicas extremas, incluidas las recientes olas de calor en muchas partes de la UE, ya están causando pérdidas económicas a los agricultores y al sector agrícola de la UE”, asevera el informe, que no obstante también reconoce algún efecto positivo del calentamiento del planeta.

Efectos positivos del cambio climático en la agricultura

Uno de los pocos efectos positivos del cambio climático en la agricultura es  el hecho de que las temporadas de crecimiento puedan ser más largas o que las condiciones de cultivo en algunas regiones nórdicas se vuelvan más adecuadas.

Un ejemplo de ello es el de la industria vinícola en Austria. En este país, tradicionalmente productor de vino blanco, ya se está formando a los agricultores para que adapten sus cultivos a la producción de vino tinto, pues en un futuro más cálido las condiciones climáticas de la región serán más favorables para la uva negra que para la blanca.

Sin embargo, también para estas consecuencias positivas hay una letra pequeña, advierte la AEMA: “dichos efectos se verán contrarrestados por el aumento de los fenómenos extremos que afectan negativamente al sector”

¿Cuándo comenzará la debacle en la agricultura?

Si se continúa con el ritmo actual de emisión de gases GEI a la atmósfera, los impactos devastadores sobre la  agricultura tampoco tardarán mucho en hacerse notar (y ya lo están haciendo). Tan pronto como en 2050, algunos cultivos no regados, como el trigo, el maíz y la remolacha, podrán disminuir hasta un 50% en el sur de Europa, lo que “podría dar lugar a un descenso sustancial de la renta agraria de aquí a 2050, con grandes variaciones regionales”, advierte la institución europea.

En el Viejo Continente, la agricultura representa un 4,4% del empleo, pero se distribuye de manera desigual: el sector tiene mucho más peso en España, Francia, Italia, Bulgaria, Alemania, Rumanía y Polonia, países responsables del 72,8% de la producción europea.

Estamos a tiempo de actuar

Pese a este pronóstico tan pesimista, hay que decir que la agricultura europea no lo tiene todo perdido. Todavía está a tiempo actuar, aunque ya puede darse prisa. Y es que, además de ser una de las principales víctimas del cambio climático, el sector primario es uno de los mayores contribuyentes a la crisis, pues comporta cerca del 10% del total de emisiones de GEI. Pero ya se sabe que todo causante de un problema también puede ser la solución.

Por eso la UE pone el foco en la necesidad de darle una nueva forma al sistema agrícola-ganadero, de modo que se reduzcan las emisiones provenientes de los fertilizantes, del abono y del ganado. También los consumidores tendremos nuestro margen de actuación, que será igualmente imprescindible: tenemos que cambiar nuestras dietas, comer menos carne y reducir el desperdicio alimentario, afirma la UE.

Por otro lado, más allá de la urgencia de frenar el calentamiento global mediante una reducción inmediata y efectiva de emisiones y dióxido de carbono, una clave importante para aguantar lo que se nos viene encima es la resiliencia. ¿Y cómo se consigue la resiliencia? De varias maneras. El programa LIFE europeo “Climate Change Adaptation” lleva desde 2014 financiando proyectos que persiguen la adaptación en diferentes áreas prioritarias: desde el aumento de la eficiencia en el uso del agua hasta la gestión sostenible de los cultivos, pasando por la protección de los suelos, el aumento en la sensibilización y la gobernanza de las tierras, así como por un mayor uso de herramientas de medición del clima para facilitar la toma de decisiones basadas en la ciencia.

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